Dicen que cuando eres Erasmus, lo eres de por vida. Que el espíritu viajero te invade, que fue el mejor año de tu vida. Que te casarás con tu novia erasmus, que volverás a tu ciudad y que lo pasarás muy muy mal recordando todos los pequeños momentos que conformaron ese año. Espero que este blog te sirva de alguna ayuda. Mi erasmus fue ASÍ
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domingo, 8 de junio de 2014

De vuelta

 Ya estoy en Granada, aunque desde entonces ha pasado mucho tiempo y muchas cosas que me gustaría contar. Por eso me he tomado este primer día un poco de asueto (lol) y me he puesto, aparte de a perder el tiempo, a escribir en el blog para narrar acontecimientos.

El último fin de semana Erasmus Raquel y yo fuimos a Londres, donde quedamos con Iñaki y Oihana para aprovechar esos días y despedirnos en la capital inglesa. Así pues, os podéis hacer una idea del ajetreo y consiguiente dolor de piernas, ya que nos pateamos todos los museos que nos quedaban por ver (al menos los más interesantes), volvimos a los sitios más básicos (Big Ben, Trafalgar Square…) e hicimos cosas que en otra ocasión ni se nos habrían pasado por la cabeza. Pudimos asistir a la ceremonia de entrega de llaves, que por lo visto se lleva a cabo todas las noches pero hay que pedir con antelación reserva para asistir. Iñaki y Oihana, que lo tenían planeado desde mucho tiempo atrás, estaban preparados, pero no nosotros, así que esperamos a que entrara toda la gente y le preguntamos a un guardia que nos dijo que pasáramos de guay. Luego dicen que los británicos son unos secos. En esto estábamos cuando conocimos a una mujer mayor que se nos acercó, y estuvimos hablando con ella: resulta que era americana, pero por lo visto había vivido mucho tiempo en Londres donde habían estudiado sus hijos, había estado en otras partes de Europa y se había recorrido media España, y esa noche estaba ahí con sus hijas (también californianas) para que ellas vieran la ceremonia. Se le entendía a la perfección, mejor que a muchos británicos, e insistió en que viajáramos fuera de casa porque es la mejor forma de aprender idiomas. La ceremonia, genial, ya que el guardia encargado de animar a la gente era un cachondo y estaba haciendo constantemente bromas (sois un público difícil, dijo el pobre hombre). Otro día fuimos Greenwich, donde el meridiano 0… en barco por el Támesis!, de modo que si teníamos pocas panorámicas de Londres, ahí van más. Y antes de que se me olvide, para que veáis lo pequeño que es el mundo, conocimos allí a una chica americana, Jennifer, que hablaba español bastante bien y que este cuatrimestre va a estudiar en Granada, así que ya tiene nuestros e-mails.

Volvimos a Swansea Raquel y yo; esa tarde nos habíamos despedido de nuestros amigos en la estación de tren, como deberían ser las despedidas (siempre en andenes, estaciones o lo que sea). La casa seguía tan silenciosa y fría como siempre, y nosotros teníamos el lunes por delante para poner todo lo que llevábamos pendiente en orden. ¿Cómo se hace eso? Durmiendo poco y corriendo mucho. Nos dio tiempo a despedirnos de la gente más allegada, hacer las últimas compras (souvenirs incluidos), hacer las últimas comidas, limpiar la casa, repartir la comida entre nuestros amigos swanseros y pasar una noche en vela para despedirnos bien de la casa (o para no dormirnos y perder el tren). No se lo conté a Raquel, pero esa noche, mientras estaba yo en mi cuarto mirando sin mirar páginas webs, vi de refilón algo correr por el pasillo. Algo que juraría era un ratón muy pequeño. Me callé, pues no quería que la histeria destrozara la merecidísima despedida, e incluso caí rendido en la cama por una hora hasta que Raquel llegó con cara de flipada para enseñarme a un gato que dormía en el jardín… Me dolió echar la llave de la casa (aún la llevo colgada al cuello, tan sólo dejé una copia :P) pero el accidentado viaje ayudó a hacer más pasajero el adiós “definitivo”. No he comentado que esa última semana el tiempo estaba siendo cojonudo, cielos despejados llenos de sol y brisa marina.


Avión. Y luego, Madrid. Nada más llegar con la maleta sin ruedas, encendí el móvil y ¡sorpresa!, mensaje de Carlos. Al final los galeses no se salieron con la suya, amigo. Y esperando con un rótulo en el que se leía BRIAN, ahí tenía a Cris, Beleita y Larisa. Lo que son las cosas, que no las habías saludado cuando recibí la llamada de Aarón porque no podía pasarse (cachislamarsalá), pero otra bienvenida. Y con mis cuentacuentos madrileñas dando vueltas por Madrid en Metro (la vida está llena de imposibles, y uno de esos imposibles era que yo llegara a tiempo a Atocha xDDD). Me llegó otro mensaje de Jara para decirme “hola!!” y darme ánimos por la despedida. En serio, esto de tener amigos cuentacuentos es un plus que no habría previsto tiempo ha, y que me llena de alegría. Amigos en todos los puertos, y eso que Madrid no tiene playa :) Me hicieron compañía, me guiaron camino a la estación y me ayudaron a alimentarme, que venía un poco vacío (para la de metáforas que dará este adjetivo, eh?) y me volví a despedir de ellas (sí, en un andén; sí, en el mismo andén en el que me despedí tras la quedada abulense). El viaje duró dos películas y media hora de descanso, así que llegué a Granada a las 12 y media.
Granada me sabe distinta. Le faltan matices, o lo mismo le sobran otros, no sé… La cuestión es que nada más llegar tuve la sensación de que las cosas habían cambiado y nada sería lo mismo. Siempre pienso eso hasta que me adapto, y de nuevo llega otro cambio y lo vuelvo a notar y lo vuelvo a sufrir y me vuelvo a adaptar. Me alojé en el piso de mi hermano mientras buscaba piso que encontré y que finalmente es el que creía que iba a ser. Un piso en Camino de Ronda, un poco a tomar por culo, con tres italianos y un jerezano. Atentos al dato: dos de los italianos son de Florencia y estudian medicina. ¿Quién está ahora mismo en Florencia de Erasmus y estudia Medicina aquí en Granada? El mundo es un puto pañuelo. Mientras estaba en Granada me llamó Silvia por la noche; me quedé mirando el teléfono porque estaba bloqueado, la única Silvia que me venía a la cabeza era una del instituto a la que ni siquiera echo de menos, pero entonces caí. Descolgué y nadie respondía, tan sólo la voz de Ismael Serrano mientras hablaba de niños que crecen antes de lo debido, mientras cantaba “Si Peter Pan viniera”. Me dejó con la sonrisa en los labios, (más)cara de (más) tonto y volví a cenar con la melodía en la cabeza.

Me peleé con mi hermano. Dos días y ya peleados, por eso nos hemos llevado tan bien estos meses. Por otra parte es lógico, somos dos personalidades enfrentadas y sabemos dónde darnos para jodernos bien jodidos, aunque nunca llegamos a esos extremos. Total, que volví a casa con la familia, hola Dylan qué bien vienes y encima no estás delgado, y lo primero que me encuentro es un paquete para mí… tatatachán, en el remitente Indi con nombre y apellidos: Los sembradores de vientos ya es una realidad entre mis manos, señores. GRACIAS. El libro tiene muy buena pinta, por eso mismo no quiero hacer lo que hago últimamente con todos, empezarlo y dejarlo muerto de risa. Le auguro un futuro prometedor, leído por las tardes en el parque García Lorca. Por eso mismo me he tomado la revancha con libros que llevaba a medias. Tras el descanso literario no tardó en aparecer el verdadero significado de estar en Bélmez, y no podía ser otro que echar una mano en el campo en otro de esos preciosos días de aceituna. A estas alturas y aún no han acabado, de modo que me tragué tres jornales como el que no quiere la cosa. Nada mejor para mantener Swansea lejos de mis pensamientos.

La vuelta a Granada me dejó un poco a medias, en un piso nuevo, lejos de donde he vivido los otros dos años, en una habitación tan pequeña como acostumbran a ser en Granada y con compañeros de piso italianos. El piso huele a marihuana. Mucho. Mi armario está en el pasillo porque así me deja más espacio libre en el dormitorio. Todo tiene explicación, y mis compañeros son simpáticos: ayer me invitaron a comer pasta totalmente italiana, exquisita. Lo de las explicaciones, porque en un cuarto tienen un criadero de marihuana con 6 macetas bastante creciditas. Las niñas, las llaman. Y bueno, ayer fui a hacer la primera compra y advertí dos cosas: la primera, que los precios han subido en estos meses; la segunda, que estoy acostumbrado a hacer la compra para muchas personas: un pollo entero troceado, carne picada, 2 hamburguesas y una bandeja de filetes de lomo es mucha carne para una persona. Maldito el día en que aprendí a cocinar. Las clases ni idea porque todavía no he ido a ninguna. Me excuso con eso de que soy moroso, es decir, no he pagado aún las tasas de la universidad así que se supone que no existo para la UGR, pero hoy me ha dado la vena sentimental y me he tirado a la Caja Granada a que me quitaran la etiqueta de deudor. Mañana iré a matricularme de todas esas asignaturas de las que no lo hice en su tiempo para quitarme créditos y materia, y con algo de suerte el año que viene estaré definitivamente libre de la cadena llamada Traducción. O no, quién sabe.


Lo bueno siguen siendo los reencuentros, aunque las cosas cambien y cada uno viva en un sitio y tus amigos estén instalados en su vida granadina sabes que puedes rascar y siempre te llevarás tu buena parte. En la universidad la gente te ve y se nota quién te ha echado de menos y quién lo dice por compromiso, pero en ambos casos es reconfortante saber que sigues teniendo un hueco. Siempre puedo contar con mi piña, los mismos amigos que hace un año nos reunimos en Budapest y que éste fueron a Barcelona (yo no pude, me quedaba decir adiós a la madre Bretaña), y me han traído un kit de emergencia para pasar la depresión post-erasmus. Esta tarde me reúno con María y Raquel de nuevo, a ver asignaturas, pasar un rato juntos, reírnos de nosotros mismos y tratar de coincidir en alguna maldita asignatura para demostrar que los demás lo hacen peor que uno mismo :)


lunes, 14 de octubre de 2013

De un noviembre lejano...


Se me acumulan las ideas y me queman en los dedos, pero aun así no encuentro forma de ganarle la batalla al tiempo y al aburrimiento, y como mente obcecada que soy, al final me obligo a escribir ya que no me sale solo. Permitidme esta descompensación de ideas, sin forma pero con fondo, que me comen la cabeza tiempo ha.
Quiero hablar del crecimiento personal que conlleva esta experiencia. Hablar de la Erasmus con las estúpidas y manidas concepciones que se tiene de ella es descalificar algo grande, muy grande. Hay gente que ha llegado a este lugar sin querer salir de casa, con miedo y sin la predisposición necesaria. ¿Para qué? ¿Para quitarte alguna asignatura hueso? ¿Para dar a entender lo maduro que eres ante aquellos que te ven como un crío acojonado por alejarse de casa? No sé dónde queda el espíritu Erasmus ligado al de ciudadano del mundo con esa actitud...
Puedes no aprender demasiado inglés, lo cual tampoco es desesperante porque la finalidad del desplazamiento no es esa. El objetivo es más ambicioso que el simple aprendizaje de una lengua: abarca la convivencia, la mezcla, la apertura de mentalidad, la amistad... Aprendes muchas cosas más valiosas. A afrontar los problemas en la distancia, a ver que la realidad es más real de lo que pensábamos, a viajar, a dejar de lado las obligaciones para ser tú mismo el que te imponga un cómo y un cuándo. Aprendes mucho, sí. Incluso de las conversaciones de las que no eres partícipe y de las personas que te rodean.
Cuando estuvimos en Londres, un hombre nos reconoció como españoles. Él era judío, no recuerdo bien de dónde, sólo una frase que nos dijo: "Vosotros sois la primera generación que respira, y eso es precioso". Respiramos. Respiramos e intentamos perdernos en cada átomo de la capital inglesa. Yo encontré la magia de la ciudad viendo el Big Ben por la noche y llamándolo descaradamente Tower of London. Probablemente llevaba toda la razón del mundo al reconocernos como parte de esos privilegiados que vinimos después de los tiempos negros de la dictadura. Hay cosas que no te planteas hasta que se te presentan en forma de señor judío que habla español entre una muchedumbre de Londres. Curioso.
El día de vuelta a Swansea encontramos algo bastante distinto: la entrada al Metro más próxima estaba cerrada porque se había producido algún tipo de ataque (¿un apuñalamiento tal vez?), y pudimos ver la sangre que manchaba todo.
Se aprende de todo.
De cada momento.
De cada persona.



Y lo mejor de todo esto sin duda es ser consciente de dicho aprendizaje. Hay más claves, cientos de ellas, pero las dejaré para otro día.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Los días raros

Regrets collect like old friends
Here to relive your darkest moments
I can see no way, I can see no way
And all of the ghouls come out to play
And every demon wants his pound of flesh
But I like to keep some things to myself
I like to keep my issues drawn
It's always darkest before the dawn

Florence and The Machine


No todo iba a ser divertido, ¿verdad? No todo iba a ser jiji, jaja. No todos los días iban a brillar con la misma luz, no todos los amigos se quedarían, no todas las promesas habrían de persistir.
            Digamos que un día, por ejemplo, te despiertas y al poco te llaman por teléfono para decirte que ha muerto alguien querido, un familiar, digamos que tu tío. Sientes que no es tu destino Erasmus el lugar donde deberías estar, que tal vez tu familia agradecería que estuvieras con ellos. No puedes hacer nada salvo pensar en los momentos con esa persona, en lo que le dirías, en lo que no, en lo que habéis vivido juntos. Piensas en tu familia, tratas de superar la pérdida a miles de kilómetros de distancia, a horas de vuelo, a mucho dinero que os separa. Te encierras en tu habitación, no dices nada. Te preguntan si te vienes a esta fiesta esta noche y dices que irás más tarde, porque ese día y no otro tienes la conversación más importante de tu erasmus.
            Hace dos días te llegó la carta de la chica a la que quieres llena de dudas, de preguntas, de confesiones incómodas. De incertidumbre. Qué mal, joder, si pudiera estar en casa, si estuviera en España, si fuera impulsivo y viajara de cualquier modo, sin planteármelo sin más, comprando el billete y presentándome ahí. Pero ese día sólo quieres llorar, y pones el Skype y tampoco dices que se ha muerto tu tío, porque sólo importáis tú y ella. Y habláis, y dices mil frases que con el tiempo olerán bajo la piel como el hueso podrido en la tierra. Dices ojalá, y dices eres tú, y dices soy yo, y somos, y tequiero, por qué no decirlo, y dices confío en ti, y dices ya queda menos, y seamos fuertes. No sabes si las palabras llegan con fuerza a través de Internet, ese fantasma tecnológico que se ha convertido en tu más fiel aliado, porque las palabras no salen con fuerza de tu boca por culpa del nudo de alambre en que se ha convertido tu esófago, y hablas y habláis, y escuchas y el ruido es sordo.
            Al fin, cuando sales a la calle, cuando te excusas porque tienes que salir, coges la cazadora y caminas solo por la calle. Caminas solo. Llueve, y das gracias a que Gales sea lluviosa, porque de otro modo las lágrimas serían demasiado evidentes, porque el agua barre tu cara, porque para cuando llegues a la fiesta, se habrá pasado la congestión. Puede que bebas sin más, trates de olvidar, sonrías, bailes detrás de una cerveza, hagas fotos, trates de que los demás se diviertan, porque sería egoísta pretender arrastrar a los demás contigo, a tu drama. Te acabas la cerveza, te haces a un lado y piensas, y sientes que estás solo. Habrá cincuenta, sesenta personas a tu alrededor, pero es como si estuvieras solo. Joder, qué mal, piensas. Joder, qué mal, bebes.
            A las cinco, seis, te recoges y nada más llegar abres el portátil en la cama. No hay rastro de nadie, ni un email, ni una conversación a deshoras. Tu nuevo mejor amigo se conecta en su cama a dos calles de ti. Le hablas por el chat de Facebook: "Hoy se ha muerto mi tío", escribes. Te sientes agradecido. Después de todo, no estás tan solo. Duermes.


Como ese día, puede que haya muchos. Días en los que, a pesar de la gente, sólo te apetezca estar solo, en los que te hartes del frío, del idioma, de no estar en casa.
            Esos días te escudarás tras la ventana a escuchar música triste, canción de autor y rock melancólico. Algunos días optarás por no salir de casa, quedarte metido en la cama lejos del ruido de la gente y del ritmo del mundo. Tal vez te llegue una carta importante, una de esas escritas a mano donde las cosas hieren más que afirman. No desistas, la vida no era fácil. Lo estás aprendiendo. Habrá cientos de días en tu vida en los que te cansarás de estar en ti, de ser lo que eres, de hacer lo que has decidido.
            Pero esos serán los menos. Es, como digo, un día en toda una estancia el que queda grabado. Más abajo, entre las tripas y el corazón, estarán los nombres de tus amigos, los viajes, las anécdotas. Amarás tanto haber estado triste para valorar la felicidad...

lunes, 9 de septiembre de 2013

El día a día

La otra noche estuvo bien. Estuvo bien por los planes, pero sobre todo por la gente. No sé si es que soy amigable o si en el extranjero es más fácil hacer amigos, pero aquí voy recolectando poco a poco. ¿Es difícil para vosotros determinar cuándo os hicisteis amigos de alguna persona? Recuerdo que, por ejemplo, quise o sabía que quería hacerme amigo de Juanpe tras una noche en la que nos quedamos en el piso "viendo" Lost in translation, aunque a la pobre de la Johansson no le hicimos ni caso y estuvimos hablando hasta las tantas. Como éste tengo otros casos que se me quedaron grabados a fuerza de rodearme de gente así.

La otra noche fuimos a cenar a casa de unos amigos, David e Iñaki, que hacían tortilla española y ya se echa de menos (yo hacía que no la probaba... buffff). La tortilla estaba en su punto, todo hay que decirlo. Después, para redondear la noche habíamos quedado en ir a un pub que se llama Uplands Tavern o algo por el estilo. Se trata de un sitio donde músicos y algunas bandas tocan en directo mientras tú te sientas en plan tranqui con tu cerveza o dosis de cafeína en la mano. De hecho, fuimos porque un chico sevillano toca ahí de vez en cuando con su guitarra y, puesto que aquí somos bastantes españoles, nos plantamos a las 9.30 acompañados por varias Erasmus francesas. Pues bien, tras la actuación de Salvi, que nos dejó por ejemplo algo de Manu Chao, estuvi(mos)eron echándose un billar del que pude ser testigo más tarde gracias a las facilidades que aporta la cámara integrada de mi móvil en el video.

Después, como viene siendo habitual, acabamos en casa (la nuestra es la mejor, muajajaja) para ver Ratatouille, que... por cierto, se nos hizo bastante pesada. Si es lo que digo, desde que nos pegamos estas sesiones de cine nos estamos volviendo de un tiquismiquis... Hoy se supone que íbamos a salir, pero por lo general estábamos bastante cansados y mañana hay otra fiesta en otra casa.

Ya para acabar, a ver si paso pronto las fotos que he echado hoy en la primera salida de la Photography Society. Me han dejado una pedazo de cámara reflex digital que es lo mejor que he tenido entre mis manos.


Halloween

Ha pasado casi una semana, de acuerdo, pero es que estoy pendiente de tantas cosas que se me olvida lo importante. Puesto que prometí crónica y no tengo ganas de contar, os dejo una minicrónica. Los disfraces fueron bastante improvisados o, como mucho, a una libra de coste máximo. Total, que allí que fuimos todos a casa de Sheila, aunque esa noche hubo (de la gente que nos solemos reunir) tres fiestas distintas. Si aquí estuvo la cosa bastante repleta, imaginad si todos hubiéramos ido al mismo sitio. Bebimos, bebimos y volvimos a beber en la prefiesta, de modo que algunos salieron de la casa con un pedo considerable. Por la calle nos fuimos encontrando a mucha gente que, al igual que nosotros, iba disfrazada, de modo que el tema de conversación surgía pronto. Había un chaval de la Drama Society que llevaba un traje azul con estrellas y gafas grandes coloridas, y decía que había salido de su casa como Harry Potter, pero que como perdió el sombrero, ahora era Elton John xD
Luego fuimos a un pub donde acabar la noche y nos reunimos bastantes más de los que estábamos al principio, aunque fue en plan perro (al menos por mi parte) y nos tiramos media noche tirados en un sofá. Pensaba que ese día era el fallo del jurado, pero lo pasé tan bien que lo olvidé completamente (I swear). Iñaki grabó unos videos, uno detrás de otro porque se acabó la batería, durante la fiesta en casa de Sheila. Realmente valen la pena. Un trozo de Halloween no británico, pero bastante Erasmus, desde Swansea al resto del mundo.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Planning

Cuando conozcas a la gente, comienza a organizar cosas. Si tienes iniciativa, pronto se quedarán con tu nombre y tu cara. Esto, a la larga, es muy útil. Ya sabéis, eso de tener amigos hasta en el infierno... porque hay que aprovechar el tiempo y hacer excursiones, salir a cenar, organizar fiestas en casa, ir al cine o a un concierto. Descubrirás que Europa es un pequeño gran país en el que todos compartimos aficiones y tenemos mucho en común. Por eso es fácil dejar al margen el gueto español y tratar de mezclarse, al menos, con el resto de estudiantes europeos e internacionales. Si eres tú quien organiza todas estas actividades, ganarás puntos en la escala social y disfrutarás mucho más la experiencia de vivir en otra ciudad de otro país. No todos los días es factible hacer una fiesta, por mucho que haya quien aguante el ritmo. El plan tranquilo de pizza y peli suele tener mucho éxito y poder de convocatoria.
            Por su parte, los festivos y fines de semana son ideales para viajar. Basta con alquilar un coche y planear una excursión. Para eso está Internet o los amigos que ya han viajado por la zona para aconsejaros. No hay mejor guía de viaje que el mail desinteresado de un amigo que conoce un lugar. Te evitará chorradas turísticas, te descubrirá los lugares auténticos y te ahorrará dolores de cabeza. Esos viajes sirven, sobre todo, para fomentar la camaradería y amistad entre polos opuestos: encerrar a dos amigos que no empastan demasiado bien en un mismo coche puede suponer todo un experimento la mar de gratificante. Yo recuerdo en especial un viaje por el sur de Inglaterra que duró varios días, que no terminó nunca, que aún sigue si quiero.
Recuerdo ese viaje con cariño especial. Recuerdo todo. Que ese día madrugamos para reunirnos todos en la calle de al lado, en casa de Iñaki y David; que habíamos alquilado dos coches; que yo había grabado tres CDs con música variada.
            El plan era recorrer todo el sur en tres, cuatro días, un día en cada ciudad, cada noche en un albergue distinto. De entrada, la sensación era extraña. Los británicos conducen al revés, y eso se nota. Tratábamos de ir los dos coches seguidos, hubo algún pequeño problema con la conducción, nada serio. Hablábamos todo el tiempo, repostábamos, poníamos música y cantábamos: Shakira, Jarabe de Palo, Tulsa... cómo hemos cambiado desde entonces. Tengo vídeos de las carreteras, el puente de Gales, más carreteras, el verde, el verde, el verde, somos invencibles. Detenernos en otro pueblo a visitarlo y conocer otro lugar, parar a comer unos sándwiches, cocinar algo sencillo en el albergue, sentirnos familia sin bendecir la mesa. Que si un alemán, que si una italiana, que si que si... que sí. Visitar lugares históricos como Bath, donde Jane Austen, como Oxford, donde Lewis Carroll, como Stonehenge, donde la magia. Y siempre la misma música, las mismas fotos, los mismos vídeos, el sueño que pesa. Viajábamos con mapa, no con un moderno GPS, y no nos perdimos. Visitamos castillos y torres, iglesias y ruinas romanas. Comimos bien, bebimos bien, vimos películas. Fue en Oxford donde vi por primera vez Casi famosos, y aún me acuerdo de todo al dedillo.
            Fue uno de esos viajes que cambian las cosas. Sabíamos ya que éramos importantes, pero aprendimos que éramos una familia.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

La noche más extraña de mi vida

No sé si lo fue o no, pero una de la más extrañas, sin duda; más extraña que la noche del perro en la escalera... Como bien sabéis, ayer era la Porno-Party en Swansea dentro del marco de la semana de los novatos que plantea la universidad. Quedamos un grupo de españoles para comprar las entradas, ya que iba a ir todo el mundo, y después hacer botellón en cualquier parte para ahorrarnos las consumiciones posteriores en la discoteca. La cuestión es que bajamos donde la fiesta porno, fácilmente identificable gracias a las tías en lencería fina colección Putón 2007 y a los tíos en gayumbos y todo tipo de artimañas para parecer chulos pornostar. Las entradas estaban agotadas. No me extrañó demasiado, pero sí que llevaran 2 horas agotadas. En cualquier caso, nosotros no nos amilanamos y tiramos pa una plaza que hay en el centro de la ciudad con un castillo semiderruido y una fuente en forma de pequeña catarata escalonada. Allí hicimos botellón y nos juntamos cerca de 20 personas entre españoles y algunos erasmus italianos y franceses.

En Swansea hace mucho frío, pero que mucho frío. Nosotros, que con la duda de si nos dejarían entrar en la porno party no nos abrigamos convenientemente, lo sufrimos en nuestras propias carnes. Vale que se está genial hablando de guay con la gente en la calle, pero según a qué temperaturas… así que al final decidimos ir a un pub de cuyo nombre no quiero acordarme (mi mala memoria). El gorila era un tío de Canarias que vende móviles en una tienda, aquí en Swansea, de modo que nos conocía y, si tenía que poner alguna pega, no la puso y entramos todos. El sitio estaba genial, con un montón de sillas y barras donde sentarte, mesas apartadas de la zona de baile, y aparte contaba con otra sala donde ponían otra música. Estaba todo lleno de gente medio disfrazada para una porno-party a la que no habían podido asistir. La música… conociéndome, lo cierto es que bah, siempre lo mismo. Total, que llegó la 1 y pico de la mañana, que aquí es considerablemente tarde (cierran los locales a las 3), así que decidimos irnos unos cuantos. Raquel (compañera de casa), Iñaki (otro Erasmus en Swansea) y yo nos fuimos juntos. Ahora empieza lo bueno…
Pasamos por muchas casas, pero resulta que una de ellas tenía en el jardín varios muebles, entre ellos un sofá sin sus cojines. Iñaki se mete en el jardín y le da por comprobar el estado del sofá. Parece que le gusta lo que ve. Le gusta tanto que propone llevárselo a su piso para colocarlo en el dormitorio, y he aquí que yo lo ayudo. Durante el trayecto, que no es moco de pavo ya que atravesaba media ciudad, los dos caballeros cargan con el armatoste ante la mirada de los jóvenes que llegan de fiesta. Algunos se ofrecen a ayudar, aunque nosotros declinamos amablemente su proposición, y uno pregunta que si lo hemos robado (:o). Cuando llegamos sólo tuvimos que subirlo tres plantas arriba en una de las escaleras más estrechas en las que se ha subido un sofá. Podréis decir: menuda trola se ha inventado el menda, pero hay pruebas que atestiguan los hechos.
Llegué a casa con la lengua seca y los brazos insensibilizados. Ahora bien, antes de seguir os pongo en antecedentes. Todo Reino Unido está pendiente del caso Madeleine, pero mi barrio, Brynmill, tiene una segunda preocupación: el caso Alice. Alice es una gata que se perdió por aquí hará unas semanas, y sus dueños lo llenaron todo de carteles para recuperar a la mascota perdida. Cuando entrábamos en casa muertos de frío y con témpanos que nacían de nuestras narices, encontramos en mitad de la calle a una gata negra y blanca que ya habíamos visto días atrás. A mí los animales me dan bastante lo mismo (remitámonos del nuevo a la noche del perro), pero Raquel no pudo sino obligarme a llamar al animal para cogerlo. Lo llamé, lo cogió y lo metimos en casa a eso de las… 2 de la mañana. Ya era nuestro, pero no teníamos teléfono ni dirección. Dejamos al gato en la casa (con toda la conciencia del mundo de que había una alemana y un húngaro durmiendo a los que no les haría mucha gracia despertarse y encontrar al animal pululando por ahí) y volvimos a salir, yo reticente, ella tirando de mi brazo, para localizar el papel de socorro. Nos recorrimos varias calles de alrededor, pero no hubo suerte, así que cuando llegamos a casa se nos ocurrió… mirar al cuello, al collar! Y había un número!!! De modo que me tocó a mí llamar (no sé por qué todos piensan que es más apropiado que Jose sea el que hable), pero no respondió nadie (es como si en España te llaman a las 4-5 de la mañana). Le pusimos leche, pero si Raquel se la daba, no la quería; si era yo, el gato caprichoso bebía. Bebía y me seguía. Y pretendía colarse en mi dormitorio! Pero al final Raquel tomó la decisión de dejar al gato en su cuarto hasta la mañana siguiente y yo me desentendí.
A la mañana siguiente, nada más levantarme, lo primero que fui a comprobar fue si el gato estaba bien. Pero el gato no estaba… Raquel lo había dejado marchar a mitad de la noche. Por lo visto, el gato se puso nervioso y estaba yendo de acá para allá dando saltos, maullando, ronroneando, subiendo a la cama, rascando en la puerta y, y, y mirando el cristal que da a la calle. Raquel se despertó, abrió la puerta, dejó que el gato saliera, volvió a la cama y pensó: “Dios mío, ¿qué he hecho?” Lo cierto es que hoy la hemos estado atormentando durante todo el día con la historia del gato, pero esta vez tiene final feliz. Esta noche ha salido a la calle antes de acostarse por si estaba el gato, y estaba. He vuelto a llamar y se ha puesto una mujer. Me ha dicho que el gato vive en esta misma calle, que no se ha perdido sino que está suelto por los alrededores, y que podía dejarlo salir sin problemas. Lo hemos dejado libre. A los 5 minutos han llamado al timbre y era una chica con el pelo azul y la cara y el cuerpo cubiertos de tatuajes que se ha presentado como la dueña del gato. Nos ha dado las gracias por avisar, y aunque por ahí sigue habiendo una gatita Alice desaparecida, nosotros al menos conocemos a una de las vecinas.

Jo, qué noche.

jueves, 29 de agosto de 2013

Una cuestión de clase


La parte menos agradable de la Erasmus o cualquier otro traslado universitario no tiene por qué ser la más desagradable. Como todo, depende de la filosofía con que se asuma y del partido que se le quiera sacar a la experiencia.
            A la hora de elegir tu destino, aparte de factores como clima y fiesta, ten en cuenta el prestigio de la universidad en el ámbito que a ti te interese. Puede que estudiar Física en Oxford sea genial, pero tal vez no sea el sitio idóneo para Biología Marina. Además, el prestigio de las universidades puede limitar tus posibilidades de obtener la beca, ya que tendrás que competir con más candidatos, pero con toda seguridad valdrá la pena cuando te la concedan, sea donde sea. Tu universidad y tu ciudad se convertirán en la única, en la mejor, y no hay vuelta de hoja.
            Como digo, cuando llegues, a pesar de que lleves un preacuerdo negociado con tu coordinador, puede que algunas de las asignaturas que supuestamente se cursaban se hayan eliminado ese año por cualquier motivo (recortes presupuestarios, pocos alumnos matriculados, lo que sea) y tengas que buscar una alternativa. Por lo general, coordinador de universidad de origen y coordinador de universidad de destino se rigen por los acuerdos de años anteriores, para eliminarse trabajo a sí mismos y a vosotros. Normalmente os dejarán mayor libertad a la hora de escoger en créditos de libre configuración. Aprovechad la ocasión y sed creativos, cursad asignaturas interesantes y creativas aunque no tengan que ver con vuestra carrera. Yo, por ejemplo, a pesar de que estudiaba Traducción e Interpretación, me matriculé en una asignatura de análisis de guión televisivo. Fascinante, desde luego. Distinto, desde luego. Inolvidable, desde luego (son los únicos apuntes que conservo de mi Erasmus). Para elegir, es frecuente que la primera semana se os permita asistir a las clases para echar un vistazo, conocer al profesor y su programa, y así decidir si os convence o no. Lo bueno de ser estudiante internacional es que a la hora de firmar la matrícula suelen ser más flexibles con los plazos precisamente para que los estudiantes encuentren su lugar en lo académico a la vez que descubren la ciudad y a sus nativos. Cuando ambos coordinadores tengan el acuerdo firmado por ti, no habrá marcha atrás y ésas serán tus asignaturas definitivas.
            Mucha gente no se quiere ir de Erasmus por miedo a que no les convaliden, aunque, como digo, todo es cuestión de a qué universidad se dirige uno. Para saber qué es conveniente, lo mejor es preguntar en tu universidad de origen, en secretaría o Relaciones Internacionales qué destinos son los más acertados para tu titulación. Esto puede ahorrar disgustos y quebraderos de cabeza. Si te informas bien, pueden incluso quitarte algún hueso, la típica asignatura que la gente lleva arrastrando media carrera, de forma más fácil e igualmente válida. Pregunta, que ya eres mayor. Infórmate, joder, muévete un poco. No me llores.
            Empieza el curso y ahora no entiendo NADA porque las clases las dan en húngaro o en francés o finés o inglés con acento escocés muy marcado. No desesperes. Por norma general, las universidades de destino suelen tener unas semanas previas al año académico en las que los estudiantes internacionales pueden hacer cursos de inmersión lingüística de forma gratuita o muy económica. Puede suponer una forma excelente de conocer gente, de empezar a comunicarse en la lengua nueva y de luego no lamentarnos a la hora de llegar a las clases. Del mismo modo, hay asignaturas que pueden ayudar a conocer la cultura. Me parece muy divertido que casi todos los estudiantes internacionales de la Universidad de Granada tengan alguna asignatura sobre Federico García Lorca. No es ninguna estupidez, claro está. Ya que estás en otro país y ciudad, trata de empaparte de su cultura, historia e idiosincrasia. En mi caso, cursé una asignatura llamada "Background to Wales", es decir, algo así como Historia de Gales, qué acontecimientos históricos hicieron que Swansea y Gales derivaran en lo que ahora son. Un profesor era estupendo, pero había otra profesora con acento galés imposible. En cualquier caso, me pareció muy interesante el resultado final.


            Cuando tenemos más o menos asumido el problema lingüístico, se hace relativamente fácil seguir el curso de las clases. Tampoco hay demasiadas horas de clase para los estudiantes internacionales, ya que además tienen limitados créditos a los que se pueden matricular, de modo que lo conveniente es ir a clase. No es preciso ir siempre, de acuerdo; de hecho, muchos profesores optan por reducir las clases presenciales en favor del trabajo en casa. Ya sé que vas a estar todos los días de fiesta o de viaje, pero no seas tonto. Te lo pondrán más o menos fácil en función del profesor, pero al fin y al cabo los profesores suelen tener benevolencia con aquellos que han demostrado interés y espíritu crítico. Pregunta. Si dudas, pregunta. Participa en clase con tus limitaciones lingüísticas. Un problema grave que tenemos los españoles en comparación con la mayoría de países europeos es el sentimiento de vergüenza, el sentido del ridículo. "Si pregunto, pensarán que soy tonto, que no lo entiendo". Si estás en clase es para aprender, y si no lo entiendes todo por el idioma, puedes hablar al final de clase con el profesor y exponerle tus dudas. Al final, lo de asistir a clase y trabajar es una decisión muy personal, de modo que cada uno tendrá que acarrear con sus decisiones, pero no lo vas a tener más fácil nunca. Pon un poco de tu parte. Si tienes suerte, puede que tengas a tu coordinador pendiente todo el día de que trabajas y asistes a clase, pero insisto en eso de que no eres un crío y sabes muy bien cuál es tu responsabilidad. Aprovecha las lecciones académicas tanto como las vitales. Al final, todo converge.

martes, 27 de agosto de 2013

Entre fogones: Consejos culinarios para tipos nulos como yo


1. Cualquier cosa con queso sabe mucho mejor. Eso es así.

2. La verdura de supermercado es el mal. Vete a cualquier comercio local o una frutería pequeña donde la fruta y hortalizas vengan de una huerta real, no de una cámara frigorífica.

3. Especias. Son la diferencia entre alimentarse y comer. Procura tener siempre romero, tomillo, perejil, nuez moscada, curry... experimenta, juégatela. De nada.

4. Si puedes asarlo, no lo frías. Si lo fríes, usa aceite de oliva de Jaén.

5. No, no todo sabe a pollo. Aprende a distinguir el cerdo de la ternera y el conejo del pollo. Atrévete con el pescado de vez en cuando.

6. Olvídate del pan de molde para acompañar tu comida. Crece y levántate a por una barra de pan todas las mañanas.

7. Nunca pondrás la cantidad correcta de sal. Asúmelo. Peca por defecto, no por exceso.

8. El Sandevid no es la bebida idónea para acompañar el pescado en salsa verde. Tampoco para la pasta o la carne. De hecho, no  sirve para acompañar nada.

9. La cebolla, cuando se cocina, aporta dulzura y suavidad al plato. No, la cebolla no pica y mejora cualquier salsa en un ochenta y siete por ciento de los casos.

10. Si se te pasa el arroz, llámalo risotto.

11. La tortilla de patatas, con cebolla y leche para que esté más suave.

12. El tomate frito de bote de toda la vida se consigue poniéndole un poco de azúcar al tomate triturado en la sartén. Con todo, ponle la sal necesaria.

13. El azúcar no anula a la sal.

14. Para salsas, mejor leche de coco que nata (por eso de la cantidad de grasa en sangre).

15. Freír un huevo NO es fácil.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Correspondencia

Te aconsejo algo: nada más llegar, compra un corcho para la pared si no lo tienes. Nada más llegar, escribe un email a todos tus amigos, a todos tus conocidos, a la familia, con tus primeras noticias y tu dirección. Diles que te gustaría saber de ellos, que de vez en cuando les escribirás. Que te escriban postales y cartas, porque no hay nada más bonito que despertar con el sonido del cartero colando las cartas en el buzón (¡hoy hay correo!). Escribe cartas, muchas cartas y postales, olvida los emails.
¿Qué tienen de especial las cartas? Están escritas a mano, que podría parecer poca cosa, pero esa impronta llega más hondo. Cuando llegan cartas y postales nace un juego. Reconocer la letra en el sobre, ¿quién habrá sido?, abrirlo con cuidado para no romper el interior, descifrar las palabras manuscritas, ¿qué pone aquí, amar o alzar?, todo el ritual. Encerrarse en el dormitorio, abrir la carta y leerla en privado. Compartir ese momento. Pensar que la última persona en ver, en tocar, en leer ese papel y tinta ha sido quien la ha enviado. Pensar que compartís un secreto. Entonces, recordar los momentos juntos, por qué sois amigos, por qué os escribís. No se le escriben cartas a cualquiera.
            Cada postal que llegue, al corcho, a recopilar el mundo en tu habitación, a vivir vidas de otra gente y llegar a lugares que de otro modo aún no conoces. Escucha música mientras lees las cartas. A la hora de escribir, hay que tener cuidado. Las cartas escritas a partir de las cuatro de la mañana desvelan demasiado, porque la noche nos vuelve criaturas frágiles. También es la mejor hora para escribir, porque si pensamos mucho las cosas, a veces no hablaríamos. Mejor vomitarlo todo que estar callado.
            Ten un cajón para la correspondencia. Si lo necesitas, te enviarán cosas que echas de menos: revistas, fotografías, sobres con Colacao... a mí me envió una amiga varios sobres de colacao y aún, cuatro años después, guardo uno sin abrir. Nunca lo abriré, estoy convencido. Pide a tus visitas lo que necesitas, principalmente comida que no encuentras en tu país de acogida. Así te ahorras los portes.
            Pero claro, para que una relación funcione, tienen que poner de su parte ambos lados, de modo que trata de escribir postales, que son baratas y no necesitan demasiadas líneas, y envíalas a todo el mundo que te importa. Entonces, te llegará una avalancha de correo, un día una postal, otra al siguiente, cartas con detalles, sorpresas, secretos...

            No olvides escribir a tus padres, aunque sea una vez, aunque ellos no escriban, una carta o postal de agradecimiento, a pesar de que habléis a diario. Valorad lo que tenéis, seguramente en casa os echarán más de menos que vosotros a ellos, ya que vuestra estancia os volverá involuntariamente egoístas. Al estar inmersos en una experiencia tan intensa, todo lo que sucede alrededor pierde el cariz de importancia. Vosotros, en la distancia, ignorantes del mundo, sois importantes.

jueves, 15 de agosto de 2013

Koldo: una Erasmus II

Huele distinto. Koldo acaba de pisar por primera vez en su vida suelo inglés. God bless the Queen, piensa, y sonríe. Al final se pilló un vuelo con Marina, la chica de Girona que hace Educación Especial. Están nerviosos, están emocionados, ya están ahí. Además, es 2 de septiembre, de modo que tienen muchísimo tiempo hasta que empiecen las clases para conocer la ciudad y hacerse una idea de la vida ahí. En el aeropuerto, mientras esperan para coger las maletas, conocen a una chica canaria. Se llama Dafne y es menuda, morena, una bomba. Koldo la ayuda con un maletón casi más grande que ella e intercambian números de teléfono, correos y facebooks. Ya han conocido a la primera cómplice de su vida en Oxford. Les explica que ella viene a Inglaterra a trabajar, que le habían dicho que siempre contrataban a españoles en hoteles y restaurantes. Koldo se da cuenta de que aún es un crío, de que hay gente como él, más joven que él que le echa huevos a la vida. Dafne tiene veinte años, no habla inglés y se ha plantado en Oxford sola con el saldo suficiente para sobrevivir unos días hasta que encuentre algo. Koldo le propone que se mude con ellos unos días y a Marina la idea le parece bien. Al final, contra todo pronóstico, han decidido prescindir del alojamiento universitario y se han ido a vivir con una chica de Bristol y un alemán llamado Stefan. Se van los tres en el bus que los lleva a la ciudad y Koldo se da cuenta de que Dafne es lo mejor que le ha pasado en mucho tiempo, de que el destino dispone de modos que escapan al control del hombre.
            En la estación de autobuses comparten taxi, intentan pronunciar todos ellos la dirección lo mejor que pueden, aunque el taxista les pide un papel para que no haya confusiones. Los minutos que dura el trayecto a casa, entre la incertidumbre y los intentos infructuosos por entablar conversación con el taxista, Koldo duda. Tal vez esta idea haya sido una puta mierda. ¿Y si no entiende nada? ¿Y si lo suspende todo?  No obstante, la presencia de Marina y Dafne es reconfortante. Nada es tan malo con ellas a su lado. Además, parece que esa semana va a hacer buen tiempo y podrán hacer mil excursiones por la ciudad.
De momento, bromean en el taxi y se fijan en cada calle, todas iguales, todas distintas, y se preguntan cuánto tardarán en conocerse la ciudad. De momento, se trata sólo de un fantasma desconocido y enorme. Llegada una calle, el taxista dice algo y reduce la velocidad.
            -Welcome to Oxford -dice con un acento tan real que les deja el corazón en el estómago. Así no suena el inglés que les han enseñado hasta hora, menuda panda de mentirosos.
            -Thank you -resuelve Marina, y bajan del taxi.
            Miran el número en el papel, se despiden del taxista y se dirigen juntos a la puerta. Llaman al timbre y aparece Alex, la chica inglesa que, como habían acordado, espera su llegada. Les regala un gesto extraño cuando ve que, en lugar de dos, son tres. Koldo explica que han encontrado a Dafne en el aeropuerto y se quedará con ellos hasta que encuentre algo. Alex responde que le parece bien mientras se quede en sus cuartos. Ya son cuatro en la casa, y está por llegar Stefan, el alemán, que viene justo cuando empiece el curso. Un tipo sale de dentro y se presenta.
            -He's just a friend -dice Alex.
            -Mark -se presenta el hombre.
            Parecen una familia, y Alex propone enseñarles sus habitaciones. Marina tiene la pequeña porque era más barata, de modo que deciden que Dafne se quede con Koldo esos días. La habitación de Koldo es exactamente como la imaginaba: hortera, con papel en las paredes y moqueta. Por lo demás, no está mal. La ventana da al patio trasero y parece cómoda. Koldo y Dafne abren las maletas y lo sacan todo poco a poco, aunque ella prefiere dejar gran parte de su ropa dentro: comida, aceite, ropa interior, dinero, abrigos, calzado, medicinas... Koldo abre el ordenador y pone algo de Eric Clapton; se sorprende al ver que Dafne tararea las canciones.
            Al poco, Marina entra en la habitación y comparten impresiones. Necesitan Internet, necesitan la clave del wifi y se la piden a Alex. Se conectan: escriben algún mail, actualizan sus estados, abren Skype. Son. En la distancia, son parte de algo.

domingo, 11 de noviembre de 2012

El último empujón


Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Jaime Gil de Biedma

Tu prima la de Murcia estuvo un año en Atenas, insiste en que te vayas. El vecino del quinto, ése que siempre saludaba, estuvo sus dos buenos años en Ratisbona, Alemania. Hasta la muchacha con la que tus padres se empeñaron en que aprendieras inglés estuvo su año Erasmus en Sheffield, aunque conserve acento de Matalascañas. Con todo, aún no te decides: ¿irme a otro país, con el hambre que pasó la hija de la prima segunda de mi madre cuando se fue con una familia a Rennes? Ni pensarlo. ¿Con la lluvia y el frío? ¿Con lo caro que es todo? ¿Con el pánico que le tengo a viajar? ¿Con lo que yo quiero a mi novia?
            Tengo entendido que a mucha gente le asalta la duda incluso después de haber solicitado un traslado, incluso después de concedérselo, incluso después de viajar al país en cuestión. Gente que, una vez en la habitación de su casa croata, se viene abajo. Es por ello que escribo este libro, para animar al indeciso, para describir las maravillas de la vida en otra tierra, para hacerte dar el paso, te propongo que veas algunas películas, que leas algún libro inspirador. Si después de esta sesión sigues sin ganas de irte, tengo una mala noticia: estás muerto por dentro.

Antes del amanecer (Richard Linklater, 1995)
Coges un tren en un extremo de Europa y en medio del trayecto ves que la única otra persona joven es una chica con la que empiezas a hablar. Habláis y joder, te cae muy bien, demasiado bien, me cago en la puta qué bien me cae, no jodas, si habré conocido a mi media naranja. Le dices: "Me bajo en Viena. Te propongo una cosa: baja conmigo y pasemos la noche juntos por toda la ciudad. Mañana, en cuanto amanezca, nos decimos adiós, y punto. Ambos ganamos una noche inolvidable". ¡Y acepta! Acepta. Os pasáis toda la noche por la ciudad dando tumbos, comiendo, bebiendo, hablando con extraños, visitando tiendas y bares a los que nunca volverás. Hablarás de tu pasado, de tus miedos, de tu incertidumbre. Aprenderás a escuchar. No querrás que pasen las horas, no querrás que vuelva el sol. ¿Te habrás enamorado?
Los viajes en tren es lo que tienen...
Si te toca la patata, échale un vistazo a la secuela, Antes del atardecer.

Hacia rutas salvajes (Sean Penn, 2007)
Un niño bien termina la carrera y está harto de todo, de ser un niño bien, de un coche que no necesita, de su cuenta corriente llena de ceros, de su novia, de sus amigos aletargados, de un sistema que envilece al hombre y duerme la jovialidad. De pronto, se rebela. Tras la graduación, tras lanzar su gorro al aire y discutir con unos padres que no comprenden su inconformismo, desaparece. Se va de casa por voluntad propia sin nada más que una mochila a recorrer todo el país, a vivir la vida, a internarse en la naturaleza, hacia rutas salvajes. En su camino conocerá personas que le cambiarán la vida, a unos que le comprenden y otros que no, a unos que le admiran y otros que piensan que se ha vuelto loco, a personas de todo tipo que le harán comprender que sí, tenía razón, era hora de lanzarse con las tripas por delante a descubrir lo que la vida cómoda le había ocultado por tanto tiempo.

Novela: En el camino (Jack Kerouak, 1951)
Con la aparición de Dean Moriarty comenzó la parte de mi vida que podría llamarse mi vida en la carretera...
Así comienza este viaje a las raíces de la América que nos gusta, la América de la ruta 66, la del jazz, los beats, los hipsters y la verdad. Jóvenes escritores puestos de todo, tres viajes, mujeres bonitas, musos, musas, realidad, ficción, reinventar un país, reinventar la juventud, la vida, el amor , el viaje. En el camino es el origen de demasiadas cosas, demasiadas obras de arte e inspiraciones, el punto de unión de cientos de artistas a lo largo de la historia, la que debería ser la obra definitiva de la tradición estadounidense, la que enseña al mundo que sólo la juventud y los kilómetros son el combinado perfecto para alcanzar la sabiduría. Quien se aventure en este viaje aprenderá demasiado, vivirá demasiado, puede que nunca pueda salir de una espiral que es demasiado.

Soñadores (Bernardo Bertolucci, 2003)
París, mayo del 68. Un estudiante estadounidense asiduo a la filmoteca se encuentra un día en medio de la revuelta popular hasta que dos hermanos franceses lo salvan del caos y lo lanzan a la vida. Ella, una diosa; él, un adonis. El extraño en casa de los dos burgueses en un juego de extrañeza, de enfermedad donde realidad y ficción, vida y cine, sexo y amor cambian de cara constantemente. El juego macabro que emprenden los tres tiene tintes mortales, suicidio, incesto, revolución, lucha, juventud que rebosa por los cuatro costados. Atravesar el Louvre en una carrera loca, ocultar secretos a los padres, redescubrir en qué te has convertido rodeado de extraños en una ciudad que no, no es la tuya. Asumir que la vida era esto, errar y aprender, y volver a errar, y volver a aprender para volver a errar.

Una casa de locos (Cédric Kaplisch, 2002)
¿Qué os creíais, que una beca con la tradición de la Erasmus no iba a tener su propia película? Xavier es francés, pero no le importa ser o no francés, él lo que quiere es escribir. Para aclararse y dar un giro a su formación, se va a Barcelona con el programa Erasmus. Deja a su novia Martine en Francia, antepone su vida al amor, o eso cree... Un francés, un alemán, una inglesa, una belga, un danés, una española y un italiano. No, no es un chiste. En este piso vive Xavier en plena Ciudad Condal y tendrá que aprenderlo todo de nuevo: a mantener el amor en la distancia, a evitar la tentación, a convivir con gente tan extraña, a una situación de diferencia lingüística ora español, ora catalán. A vivir la vida como un Erasmus, a maldecir a los profesores en otro idioma, a aguantar las fiestas a otro ritmo. A vivir, que no es poco. Si te gusta, hay una secuela llamada Las muñecas rusas.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Una carta a todos los padres de Erasmus del mundo


Querida mamá, querido papá:

Me voy de Erasmus. Os lo digo de antemano y sin saber gran cosa de esto. La Erasmus es una beca europea para desarrollar el intercambio entre estudiantes de universidades europeas. El programa está muy asentado, y al parecer los resultados son bastante buenos. Los acuerdos entre universidades facilitan mucho que aunque no haya un correspondiente directo de mis estudios en otra universidad, pueda estudiar algo del área de mi especialidad o que curse asignaturas de otras materias para así tener la ocasión durante un año de probar un poco de las carreras en las que no me matriculé.
            Llegaré a un país más frío que éste, eso seguro, pero no me importará. Todo será nuevo, las calles tendrán otra luz, la gente otras caras, el ruido será un puñado de sonidos desconocidos para mí. Puede que no entienda nada, puede que no hable la lengua y trate de hacerme valer en spanglish, pero eso sólo supondrá el primer paso en el aprendizaje. Tendré que armarme de paciencia con los secretarios de otro país que hablan en otro idioma y me lanzan impresos en otro idioma y me dicen que lo he hecho todo mal en otro idioma. Con todo, sonreiré.
            A los dos días, puede que el mismo día, me invitarán a la primera fiesta. Allí conoceré a los que serán mis mejores amigos, porque está demostrado que el ser humano es muy de dejarse arrastrar por las primeras impresiones. En esa fiesta habrá alcohol, música tecno europea y éxitos internacionales que corearemos sin atino. De pronto, me encontraré en medio de un mogollón de gente que hable en un batiburrillo de idiomas, con su lío de nombres y de caras distintas a las nuestras. Será bonito tratar de hacer amigos, de volver a empezar, borrón y cuenta nueva. No tendré prejuicios, y los que tenga, me los quitará el tiempo. Habrá cristianos y musulmanes, judíos, ateos, rubios, morenos, blancos, negros, ¡pelirrojos con pecas!, de derechas, de izquierdas, extrovertidos, tímidos, feos, atractivos, homosexuales, heterosexuales, asexuales, ruidosos, silenciosos, gente bien, gente mal, mala gente, los habrá que harán un cambio significativo en mi vida. Cuando vuelva, seré un poco de todo (cristiano, musulmán, judío, pelirrojo, negro, asiático, alto y bajo, gordo, delgado, gay, hetero, ruidoso, eso no lo cambia nada, buena gente, mala gente, pecoso), porque dejaré que todos ellos me dibujen un poquito, me escriban entre todos, digan lo que soy, lo que seré, lo que he sido.
            Ésa sólo será la primera de muchas fiestas. Fiestas donde beberé, fumaré, pondré a prueba los órganos que me habéis dado, porque tengo la edad de hacer eso, de ser irresponsable y de cargar con las consecuencias de una mala noche, de llorar en el servicio de la discoteca, de probar labios, lamer cuellos, romper límites, extraer lo mejor de la noche, sufrir lo peor de la noche, bailar sin vergüenza, cantar sin ritmo, pertenecer a la pista como si hubiera nacido ahí, porque eso también es aprender, y mejor aprenderlo en otro idioma, porque no se puede aprender nada más bonito en otro idioma que decir te quiero: I love you, Je t'aime, Ich liebe dich, Maite zaitut, Quero-te, Ti amo, T'estimo, Jeg elsker dig, Vos amo, Ana Behebeak, Minä rakastan sinua, Taim i' ngra leat, Ta gra agam ort, Mi amas vin, te quiero, tequiero, ¡te quiero!
            Y es que puede que me enamore. Puede que nos conozcamos en una fiesta o en clase, o en el club de fotografía de la universidad, que nos miremos a través del objetivo y caigamos rendidos antes del primer click. Puede que visite a un amigo croata que está conmigo de Erasmus y aun así me enamore, aunque el tiempo esté contado, porque a veces esos son los amores más grandes, y nos haremos promesas, cientos de promesas entre besos, miles de promesas entre polvos, y luego iremos rompiéndolas todas una a una, y cada promesa rota supondrá acordarme de todo, de la ciudad, de los amigos, de la cama, de los labios, acordarme de lo que nos decíamos, y con todo habrá valido la pena. Puede que lo intentemos; que cuando termine la estancia decidamos tratar de superar la distancia y el tiempo hasta que algo se rompa dentro de uno de nosotros, algo frágil, pequeño, y decidamos mudarnos al país del otro, años después, y qué, y qué, ¿y qué?, daré gracias cada segundo de mi vida a haberme ido de Erasmus. Pero no os quiero contar cuentos, la verdad es que puede que nada de eso ocurra, que vea parejas romperse a todas horas, cuernos y cuernos, mentiras, traiciones, pero qué más da, la vida no nos enseña eso, y mi Erasmus será un manual minucioso sobre el amor y las relaciones de pareja y eso no tiene precio.
            La beca será poco dinero, lo sé, por eso voy a trabajar este verano. Cuando llegue, intentaré encontrar un curro que no me quite mucho tiempo, a saber, hostelería,  servicios universitarios, aunque desista y al final no trabaje, pero siempre se sale adelante, en serio, todo el mundo lo logra, no vamos a ser menos. Con lo cara que es la universidad en el extranjero en comparación con España, pagar los créditos aquí es una ocasión única para estudiar en una institución prestigiosa a precio de saldo. Además, ahí tendré la ocasión de conocer profesionales increíbles, profesores motivados, alumnos entregados a lo que hacen, y tal vez se me pegue el entusiasmo, porque la excelencia se aprende, no se compra. Prometo no faltar a clase, o al menos no faltar tanto como aquí, ya que no tendré demasiadas clases, y trabajar para dar lo mejor de mí. Cuando acabe el curso, entenderé otro idioma y seré capaz de seguir las clases en inglés como si fuera lo más normal del mundo.
            Conoceré a un colega cinéfilo y a una chica melómana. También a una francesa melancólica que escribe postales a su familia y amigos. Cuando nos separemos, me las escribirá a mí y lloraré sin consuelo con cada recuerdo compartido. El cinéfilo me hará ver cine indie y europeo, corrientes de las que sólo había oído en la tele, y la melómana me regalará todos los días un CD recopilatorio según el estado de ánimo, música en otros idiomas, con otros ritmos, música que sabe a especias y huele a humo traído de lejos. Se acabó la historia de siempre, aprenderé tanto o más fuera que dentro de las aulas.
            Viajaré. Viajaré no sólo por el país, sino por toda Europa. Viajaré no sólo durante la Erasmus, sino durante toda mi vida. A visitar a Clem en Suiza y a Steffy en Budapest, a Joni en Finlandia, a Roberto en Italia, a Jin al sur de China, Adam en Estados Unidos, Haley en Australia... esto me pondrá el mundo a mis pies. Nuestra casa, también lo advierto, se convertirá en un albergue internacional. Constantemente parará gente de todas las culturas y países en nuestro salón (el colchón que tengo debajo de la cama se amortizará más aún), os traerán detalles de medio mundo y os querrán como si fuerais sus padres, porque durante unos días lo seréis. Os llenaré el mundo de hijos de todas partes, con otras caras, otros ojos, otras voces. Nuestra casa será una orquesta perfecta.
            Pero ya basta. Podría no parar jamás, y eso no es justo. No quiero desvelaros mi vida antes de que todo ocurra. Sólo os quería dar una idea de lo que supondrá para mí irme de intercambio a otro país, estudiar en otra universidad. Como veis, prima lo humano sobre lo académico. Es evidente, ya tendré tiempo de apagarme, pero no ahora. Ahora toca viajar, irme lejos de vosotros, escribiros cartas, e-mails, postales desde muchas ciudades. Ahora toca ser libre. Gracias, papá, mamá, porque con este permiso me hacéis más libre. Cuando vuelva, seré otro. Europa os robará un hijo, pero os devolverá otro más grande. Ése es el trato.
Os quiero,

tu hijo/a

domingo, 2 de enero de 2011

Un año más, un año menos...

Una de las mejores partes de la Erasmus es el regreso al destino, a los amigos, a las fiestas, a los exámenes próximos, los viajes, los amores furtivos, los amigos, los amigos, los amigos.
Y llegar un día y abrazarlos como si los hubieras echado muchísimo de menos (de hecho, los has añorado en demasía). Recuerdo mi vuelta a Swansea: mis compañeros de casa y amigos ya estaban allí, me esperarían. Arrastré las maletas llenas con una nostalgia dolorosa, como una quemazón muy intensa y observé en el autobús primero y segundo los paisajes galeses, y las calles galesas y sus gentes, el supermercado, todo, todo, todo. Luego cogí un taxi que me llevó a casa, y no había nadie ahí. Mis amigos habían ido a comprar al supermercado, pero en la escalera me esperaba una pila de cartas y postales y otras maravillas que casi me hicieron llorar. Recuerdo perfectamente cómo abandoné la maleta en medio del pasillo y me quedé hecho un ovillo en el salón-comedor, en mi sofá de rayas, mientras leía palabras que amigos y conocidos habían escrito unas semanas antes para mí, para que no me sintiera solo en tierras galesas. Luego, cuando oí la puerta, me lancé a mis amigos y los abracé e hicimos la comida juntos y la vida volvía a ser como siempre había sido.
Ya estaba en casa.




Os deseo un FELIZ AÑO NUEVO a todos y un resto de Erasmus espectacular. Pronto, más recetas sencillas y relativamente sanas  :)

sábado, 30 de octubre de 2010

De un noviembre lejano...


Yo en Stonehenge


Se me acumulan las ideas y me queman en los dedos, pero aun así no encuentro forma de ganarle la batalla al tiempo y al aburrimiento, y como mente obcecada que soy, al final me obligo a escribir ya que no me sale solo. Permitidme esta descompensación de ideas, sin forma pero con fondo, que me comen la cabeza tiempo ha.
Quiero hablar del crecimiento personal que conlleva esta experiencia. Hablar de la Erasmus con las estúpidas y manidas concepciones que se tiene de ella es descalificar algo grande, muy grande. Hay gente que ha llegado a este lugar sin querer salir de casa, con miedo y sin la predisposición necesaria. ¿Para qué? ¿Para quitarte alguna asignatura hueso? ¿Para dar a entender lo maduro que eres ante aquellos que te ven como un crío acojonado por alejarse de casa? No sé dónde queda el espíritu erasmus ligado al de ciudadano del mundo con esa actitud...
Puedes no aprender demasiado inglés, lo cual tampoco es desesperante porque la finalidad del desplazamiento no es esa. El objetivo es más ambicioso que el simple aprendizaje de una lengua: abarca la convivencia, la mezcla, la apertura de mentalidad, la amistad... Aprendes muchas cosas más valiosas. A afrontar los problemas en la distancia, a ver que la realidad es más real de lo que pensábamos, a viajar, a dejar de lado las obligaciones para ser tú mismo el que te imponga un cómo y un cuándo. Aprendes mucho, sí. Incluso de las conversaciones de las que no eres partícipe y de las personas que te rodean.
Cuando estuvimos en Londres, un hombre nos reconoció como españoles. Él era judío, no recuerdo bien de dónde, sólo una frase que nos dijo: "Vosotros sois la primera generación que respira, y eso es precioso". Respiramos. Respiramos e intentamos perdernos en cada átomo de la capital inglesa. Yo encontré la magia de la ciudad viendo el Big Ben por la noche y llamándolo descaradamente Tower of London. Probablemente llevaba toda la razón del mundo al reconocernos como parte de esos provilegiados que vinimos después de los tiempos negros de la dictadura. Hay cosas que no te planteas hasta que se te presentan en forma de señor judío que habla español entre una muchedumbre de Londres. Curioso.
El día de vuelta a Swansea encontramos algo bastante distinto: la entrada al Metro más próxima estaba cerrada porque se había producido algún tipo de ataque (¿un apuñalamiento tal vez?), y pudimos ver la sangre que manchaba todo.
Se aprende de todo.
De cada momento.
De cada persona.


Y lo mejor de todo esto sin duda es ser consciente de dicho aprendizaje. Hay más claves, cientos de ellas, pero las dejaré para otro día.