Dicen que cuando eres Erasmus, lo eres de por vida. Que el espíritu viajero te invade, que fue el mejor año de tu vida. Que te casarás con tu novia erasmus, que volverás a tu ciudad y que lo pasarás muy muy mal recordando todos los pequeños momentos que conformaron ese año. Espero que este blog te sirva de alguna ayuda. Mi erasmus fue ASÍ
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sábado, 7 de septiembre de 2013

Planning

Cuando conozcas a la gente, comienza a organizar cosas. Si tienes iniciativa, pronto se quedarán con tu nombre y tu cara. Esto, a la larga, es muy útil. Ya sabéis, eso de tener amigos hasta en el infierno... porque hay que aprovechar el tiempo y hacer excursiones, salir a cenar, organizar fiestas en casa, ir al cine o a un concierto. Descubrirás que Europa es un pequeño gran país en el que todos compartimos aficiones y tenemos mucho en común. Por eso es fácil dejar al margen el gueto español y tratar de mezclarse, al menos, con el resto de estudiantes europeos e internacionales. Si eres tú quien organiza todas estas actividades, ganarás puntos en la escala social y disfrutarás mucho más la experiencia de vivir en otra ciudad de otro país. No todos los días es factible hacer una fiesta, por mucho que haya quien aguante el ritmo. El plan tranquilo de pizza y peli suele tener mucho éxito y poder de convocatoria.
            Por su parte, los festivos y fines de semana son ideales para viajar. Basta con alquilar un coche y planear una excursión. Para eso está Internet o los amigos que ya han viajado por la zona para aconsejaros. No hay mejor guía de viaje que el mail desinteresado de un amigo que conoce un lugar. Te evitará chorradas turísticas, te descubrirá los lugares auténticos y te ahorrará dolores de cabeza. Esos viajes sirven, sobre todo, para fomentar la camaradería y amistad entre polos opuestos: encerrar a dos amigos que no empastan demasiado bien en un mismo coche puede suponer todo un experimento la mar de gratificante. Yo recuerdo en especial un viaje por el sur de Inglaterra que duró varios días, que no terminó nunca, que aún sigue si quiero.
Recuerdo ese viaje con cariño especial. Recuerdo todo. Que ese día madrugamos para reunirnos todos en la calle de al lado, en casa de Iñaki y David; que habíamos alquilado dos coches; que yo había grabado tres CDs con música variada.
            El plan era recorrer todo el sur en tres, cuatro días, un día en cada ciudad, cada noche en un albergue distinto. De entrada, la sensación era extraña. Los británicos conducen al revés, y eso se nota. Tratábamos de ir los dos coches seguidos, hubo algún pequeño problema con la conducción, nada serio. Hablábamos todo el tiempo, repostábamos, poníamos música y cantábamos: Shakira, Jarabe de Palo, Tulsa... cómo hemos cambiado desde entonces. Tengo vídeos de las carreteras, el puente de Gales, más carreteras, el verde, el verde, el verde, somos invencibles. Detenernos en otro pueblo a visitarlo y conocer otro lugar, parar a comer unos sándwiches, cocinar algo sencillo en el albergue, sentirnos familia sin bendecir la mesa. Que si un alemán, que si una italiana, que si que si... que sí. Visitar lugares históricos como Bath, donde Jane Austen, como Oxford, donde Lewis Carroll, como Stonehenge, donde la magia. Y siempre la misma música, las mismas fotos, los mismos vídeos, el sueño que pesa. Viajábamos con mapa, no con un moderno GPS, y no nos perdimos. Visitamos castillos y torres, iglesias y ruinas romanas. Comimos bien, bebimos bien, vimos películas. Fue en Oxford donde vi por primera vez Casi famosos, y aún me acuerdo de todo al dedillo.
            Fue uno de esos viajes que cambian las cosas. Sabíamos ya que éramos importantes, pero aprendimos que éramos una familia.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

La noche más extraña de mi vida

No sé si lo fue o no, pero una de la más extrañas, sin duda; más extraña que la noche del perro en la escalera... Como bien sabéis, ayer era la Porno-Party en Swansea dentro del marco de la semana de los novatos que plantea la universidad. Quedamos un grupo de españoles para comprar las entradas, ya que iba a ir todo el mundo, y después hacer botellón en cualquier parte para ahorrarnos las consumiciones posteriores en la discoteca. La cuestión es que bajamos donde la fiesta porno, fácilmente identificable gracias a las tías en lencería fina colección Putón 2007 y a los tíos en gayumbos y todo tipo de artimañas para parecer chulos pornostar. Las entradas estaban agotadas. No me extrañó demasiado, pero sí que llevaran 2 horas agotadas. En cualquier caso, nosotros no nos amilanamos y tiramos pa una plaza que hay en el centro de la ciudad con un castillo semiderruido y una fuente en forma de pequeña catarata escalonada. Allí hicimos botellón y nos juntamos cerca de 20 personas entre españoles y algunos erasmus italianos y franceses.

En Swansea hace mucho frío, pero que mucho frío. Nosotros, que con la duda de si nos dejarían entrar en la porno party no nos abrigamos convenientemente, lo sufrimos en nuestras propias carnes. Vale que se está genial hablando de guay con la gente en la calle, pero según a qué temperaturas… así que al final decidimos ir a un pub de cuyo nombre no quiero acordarme (mi mala memoria). El gorila era un tío de Canarias que vende móviles en una tienda, aquí en Swansea, de modo que nos conocía y, si tenía que poner alguna pega, no la puso y entramos todos. El sitio estaba genial, con un montón de sillas y barras donde sentarte, mesas apartadas de la zona de baile, y aparte contaba con otra sala donde ponían otra música. Estaba todo lleno de gente medio disfrazada para una porno-party a la que no habían podido asistir. La música… conociéndome, lo cierto es que bah, siempre lo mismo. Total, que llegó la 1 y pico de la mañana, que aquí es considerablemente tarde (cierran los locales a las 3), así que decidimos irnos unos cuantos. Raquel (compañera de casa), Iñaki (otro Erasmus en Swansea) y yo nos fuimos juntos. Ahora empieza lo bueno…
Pasamos por muchas casas, pero resulta que una de ellas tenía en el jardín varios muebles, entre ellos un sofá sin sus cojines. Iñaki se mete en el jardín y le da por comprobar el estado del sofá. Parece que le gusta lo que ve. Le gusta tanto que propone llevárselo a su piso para colocarlo en el dormitorio, y he aquí que yo lo ayudo. Durante el trayecto, que no es moco de pavo ya que atravesaba media ciudad, los dos caballeros cargan con el armatoste ante la mirada de los jóvenes que llegan de fiesta. Algunos se ofrecen a ayudar, aunque nosotros declinamos amablemente su proposición, y uno pregunta que si lo hemos robado (:o). Cuando llegamos sólo tuvimos que subirlo tres plantas arriba en una de las escaleras más estrechas en las que se ha subido un sofá. Podréis decir: menuda trola se ha inventado el menda, pero hay pruebas que atestiguan los hechos.
Llegué a casa con la lengua seca y los brazos insensibilizados. Ahora bien, antes de seguir os pongo en antecedentes. Todo Reino Unido está pendiente del caso Madeleine, pero mi barrio, Brynmill, tiene una segunda preocupación: el caso Alice. Alice es una gata que se perdió por aquí hará unas semanas, y sus dueños lo llenaron todo de carteles para recuperar a la mascota perdida. Cuando entrábamos en casa muertos de frío y con témpanos que nacían de nuestras narices, encontramos en mitad de la calle a una gata negra y blanca que ya habíamos visto días atrás. A mí los animales me dan bastante lo mismo (remitámonos del nuevo a la noche del perro), pero Raquel no pudo sino obligarme a llamar al animal para cogerlo. Lo llamé, lo cogió y lo metimos en casa a eso de las… 2 de la mañana. Ya era nuestro, pero no teníamos teléfono ni dirección. Dejamos al gato en la casa (con toda la conciencia del mundo de que había una alemana y un húngaro durmiendo a los que no les haría mucha gracia despertarse y encontrar al animal pululando por ahí) y volvimos a salir, yo reticente, ella tirando de mi brazo, para localizar el papel de socorro. Nos recorrimos varias calles de alrededor, pero no hubo suerte, así que cuando llegamos a casa se nos ocurrió… mirar al cuello, al collar! Y había un número!!! De modo que me tocó a mí llamar (no sé por qué todos piensan que es más apropiado que Jose sea el que hable), pero no respondió nadie (es como si en España te llaman a las 4-5 de la mañana). Le pusimos leche, pero si Raquel se la daba, no la quería; si era yo, el gato caprichoso bebía. Bebía y me seguía. Y pretendía colarse en mi dormitorio! Pero al final Raquel tomó la decisión de dejar al gato en su cuarto hasta la mañana siguiente y yo me desentendí.
A la mañana siguiente, nada más levantarme, lo primero que fui a comprobar fue si el gato estaba bien. Pero el gato no estaba… Raquel lo había dejado marchar a mitad de la noche. Por lo visto, el gato se puso nervioso y estaba yendo de acá para allá dando saltos, maullando, ronroneando, subiendo a la cama, rascando en la puerta y, y, y mirando el cristal que da a la calle. Raquel se despertó, abrió la puerta, dejó que el gato saliera, volvió a la cama y pensó: “Dios mío, ¿qué he hecho?” Lo cierto es que hoy la hemos estado atormentando durante todo el día con la historia del gato, pero esta vez tiene final feliz. Esta noche ha salido a la calle antes de acostarse por si estaba el gato, y estaba. He vuelto a llamar y se ha puesto una mujer. Me ha dicho que el gato vive en esta misma calle, que no se ha perdido sino que está suelto por los alrededores, y que podía dejarlo salir sin problemas. Lo hemos dejado libre. A los 5 minutos han llamado al timbre y era una chica con el pelo azul y la cara y el cuerpo cubiertos de tatuajes que se ha presentado como la dueña del gato. Nos ha dado las gracias por avisar, y aunque por ahí sigue habiendo una gatita Alice desaparecida, nosotros al menos conocemos a una de las vecinas.

Jo, qué noche.

domingo, 11 de noviembre de 2012

El último empujón


Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Jaime Gil de Biedma

Tu prima la de Murcia estuvo un año en Atenas, insiste en que te vayas. El vecino del quinto, ése que siempre saludaba, estuvo sus dos buenos años en Ratisbona, Alemania. Hasta la muchacha con la que tus padres se empeñaron en que aprendieras inglés estuvo su año Erasmus en Sheffield, aunque conserve acento de Matalascañas. Con todo, aún no te decides: ¿irme a otro país, con el hambre que pasó la hija de la prima segunda de mi madre cuando se fue con una familia a Rennes? Ni pensarlo. ¿Con la lluvia y el frío? ¿Con lo caro que es todo? ¿Con el pánico que le tengo a viajar? ¿Con lo que yo quiero a mi novia?
            Tengo entendido que a mucha gente le asalta la duda incluso después de haber solicitado un traslado, incluso después de concedérselo, incluso después de viajar al país en cuestión. Gente que, una vez en la habitación de su casa croata, se viene abajo. Es por ello que escribo este libro, para animar al indeciso, para describir las maravillas de la vida en otra tierra, para hacerte dar el paso, te propongo que veas algunas películas, que leas algún libro inspirador. Si después de esta sesión sigues sin ganas de irte, tengo una mala noticia: estás muerto por dentro.

Antes del amanecer (Richard Linklater, 1995)
Coges un tren en un extremo de Europa y en medio del trayecto ves que la única otra persona joven es una chica con la que empiezas a hablar. Habláis y joder, te cae muy bien, demasiado bien, me cago en la puta qué bien me cae, no jodas, si habré conocido a mi media naranja. Le dices: "Me bajo en Viena. Te propongo una cosa: baja conmigo y pasemos la noche juntos por toda la ciudad. Mañana, en cuanto amanezca, nos decimos adiós, y punto. Ambos ganamos una noche inolvidable". ¡Y acepta! Acepta. Os pasáis toda la noche por la ciudad dando tumbos, comiendo, bebiendo, hablando con extraños, visitando tiendas y bares a los que nunca volverás. Hablarás de tu pasado, de tus miedos, de tu incertidumbre. Aprenderás a escuchar. No querrás que pasen las horas, no querrás que vuelva el sol. ¿Te habrás enamorado?
Los viajes en tren es lo que tienen...
Si te toca la patata, échale un vistazo a la secuela, Antes del atardecer.

Hacia rutas salvajes (Sean Penn, 2007)
Un niño bien termina la carrera y está harto de todo, de ser un niño bien, de un coche que no necesita, de su cuenta corriente llena de ceros, de su novia, de sus amigos aletargados, de un sistema que envilece al hombre y duerme la jovialidad. De pronto, se rebela. Tras la graduación, tras lanzar su gorro al aire y discutir con unos padres que no comprenden su inconformismo, desaparece. Se va de casa por voluntad propia sin nada más que una mochila a recorrer todo el país, a vivir la vida, a internarse en la naturaleza, hacia rutas salvajes. En su camino conocerá personas que le cambiarán la vida, a unos que le comprenden y otros que no, a unos que le admiran y otros que piensan que se ha vuelto loco, a personas de todo tipo que le harán comprender que sí, tenía razón, era hora de lanzarse con las tripas por delante a descubrir lo que la vida cómoda le había ocultado por tanto tiempo.

Novela: En el camino (Jack Kerouak, 1951)
Con la aparición de Dean Moriarty comenzó la parte de mi vida que podría llamarse mi vida en la carretera...
Así comienza este viaje a las raíces de la América que nos gusta, la América de la ruta 66, la del jazz, los beats, los hipsters y la verdad. Jóvenes escritores puestos de todo, tres viajes, mujeres bonitas, musos, musas, realidad, ficción, reinventar un país, reinventar la juventud, la vida, el amor , el viaje. En el camino es el origen de demasiadas cosas, demasiadas obras de arte e inspiraciones, el punto de unión de cientos de artistas a lo largo de la historia, la que debería ser la obra definitiva de la tradición estadounidense, la que enseña al mundo que sólo la juventud y los kilómetros son el combinado perfecto para alcanzar la sabiduría. Quien se aventure en este viaje aprenderá demasiado, vivirá demasiado, puede que nunca pueda salir de una espiral que es demasiado.

Soñadores (Bernardo Bertolucci, 2003)
París, mayo del 68. Un estudiante estadounidense asiduo a la filmoteca se encuentra un día en medio de la revuelta popular hasta que dos hermanos franceses lo salvan del caos y lo lanzan a la vida. Ella, una diosa; él, un adonis. El extraño en casa de los dos burgueses en un juego de extrañeza, de enfermedad donde realidad y ficción, vida y cine, sexo y amor cambian de cara constantemente. El juego macabro que emprenden los tres tiene tintes mortales, suicidio, incesto, revolución, lucha, juventud que rebosa por los cuatro costados. Atravesar el Louvre en una carrera loca, ocultar secretos a los padres, redescubrir en qué te has convertido rodeado de extraños en una ciudad que no, no es la tuya. Asumir que la vida era esto, errar y aprender, y volver a errar, y volver a aprender para volver a errar.

Una casa de locos (Cédric Kaplisch, 2002)
¿Qué os creíais, que una beca con la tradición de la Erasmus no iba a tener su propia película? Xavier es francés, pero no le importa ser o no francés, él lo que quiere es escribir. Para aclararse y dar un giro a su formación, se va a Barcelona con el programa Erasmus. Deja a su novia Martine en Francia, antepone su vida al amor, o eso cree... Un francés, un alemán, una inglesa, una belga, un danés, una española y un italiano. No, no es un chiste. En este piso vive Xavier en plena Ciudad Condal y tendrá que aprenderlo todo de nuevo: a mantener el amor en la distancia, a evitar la tentación, a convivir con gente tan extraña, a una situación de diferencia lingüística ora español, ora catalán. A vivir la vida como un Erasmus, a maldecir a los profesores en otro idioma, a aguantar las fiestas a otro ritmo. A vivir, que no es poco. Si te gusta, hay una secuela llamada Las muñecas rusas.