Dicen que cuando eres Erasmus, lo eres de por vida. Que el espíritu viajero te invade, que fue el mejor año de tu vida. Que te casarás con tu novia erasmus, que volverás a tu ciudad y que lo pasarás muy muy mal recordando todos los pequeños momentos que conformaron ese año. Espero que este blog te sirva de alguna ayuda. Mi erasmus fue ASÍ
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jueves, 3 de abril de 2014

Despegarse

Ojo, no digo despedirse. Cuesta más despegarse que despedirse. Al fin y al cabo, esto último es sólo un trámite al que estamos acostumbrados.
Mañana vuelves a España.
Llevas 6, 8, 10 meses aquí y mañana vuelves a España. Tu familia dice que "ya era hora de volver a casa", pero tú sabes que ésta, que esto es tu casa. ¿Cómo vas a dejar tu casa, a Olga y Helen y Paulo y Federicco? ¿Cómo vas a plantearte siquiera no compartir cada día una pinta con Hans? ¿No estudiar en la biblioteca de la uni con Gabriel? ¿Cómo inventar siquiera la vida sin Salma? No te quieres ir, ésta es tu familia. Éste es tu hogar.
Sales sin arreglarte mucho; es la última noche, da igual como vayas hoy, tus amigos te recordarán por lo que habéis vivido juntos, no por lo que hagas hoy. No por lo que te emborraches hoy, con quien te líes hoy, lo que digas hoy... El plan es partirla mucho. Hacer una enorme fiesta de despedida por toda la ciudad. Todos los bares. Las discotecas. Toda la noche. Y eso hacéis todos juntos. No lo piensas, de hecho tratas de no pensarlo demasiado para que no te obsesione, pero hoy miras a todo el mundo con otros ojos, porque algo dentro de ti sabe que a algunas de esas personas no las volverás a ver en la vida. Eso te destroza y te derrota, pero hoy es la fiesta. Hay que celebrar el tiempo juntos, el primer día que os visteis, cuando ni tú podías decir nada en la otra lengua, ni los demás se atrevían. Os reís de los malentendidos de entonces, de los viajes y las anécdotas, de los amigos que han venido a visitaros. Habláis como si tuvierais cincuenta o sesenta años, como si llevárais una vida fuera de casa. Y es que en el fondo sabéis que os lleváis muchas vidas, que os lleváis todas las vidas de quienes se han cruzado en vuestro camino.
También observas con tristeza los bares, los restaurantes, los parques donde has vivido. Ahí, ese primer beso, ¿te acuerdas? Ahí, donde leías a Goethe cuando hacía sol, ahí, donde el camarero que siempre invitaba a una ronda de chupitos. Llegado un punto, cuentas las horas. Dices me quedan cinco horas, sólo cinco horas que estar con vosotros, sólo cinco horas antes de la despedida. Y peor aún: mañana a esta hora, estaré en España, solo. Solo. Esa palabra pesa como una losa, porque durante estos meses has vivido siempre rodeado de gente que mañana no estará. Te entra la pena, empiezas a abrazar a gente, intentas sincerarte. Tío, que menos mal que te he conocido. Joder, os voy a echar de menos, espero que vengáis a visitarme. Tú... de ti no me quiero despedir, te quiero demasiado. Ésta era la parte que no queríamos que llegara. Y eso que al principio quería volver a mi país. Te voy a echar tanto de menos. Gracias. Gracias. Gracias por ser mi amigo. Esto es sólo el principio. Es una promesa.
Todos llorando, unos más, unos menos, unos por fuera, otros por dentro, empieza el ritual de despedida. Idiota, que eres un idiota, esto por irte el primero. Sonrisas cómplices, abrazos, guiños, susurros. De la nada surge Lena, que lleva toda la noche esquiva, con una caja enorme entre los brazos. Tu kit de despedida. Lo abren y empiezan a sacar fotos, ropa que has dejado por media ciudad, pequeños guiños que sólo tú entenderás (basura potencial para tu madre). Luego, la bandera del país firmada por la comunidad que ha sido tu familia este tiempo. Una sudadera de la universidad... ¡firmada por tu coordinador! Más llorera. Que son las seis, las siete. Que quedan dos putas horas, que vamos a mi casa.
Aprovechas cada minuto de esas dos horas. Abrazas, besas, prometes, sonríes, lloras, dudas, ríes, dudas. Tienes que decir adiós. Lo llevas haciendo toda tu vida, no puede ser tan difícil... Pero no te sale. Te vas al fin, te despides con la mano. Todos te aplauden, puede que te coreen algo, te canta "esa" canción en mil acentos juntos. Te parece la música más maravillosa del mundo.
Sales del local y no vuelves la pista. Ya en la calle, cae sobre tus hombros todo el peso del mundo. Sucede algo extraño, te cuesta respirar, no puedes respirar. Tragas saliva, el pecho te desgarra y te hierve la cabeza. Quieres llorar, pero no puedes. No has estado más triste en tu vida, pero no has sido más feliz en tu vida. Sólo hay en tu cabeza rostros y momentos, y promesas, y en el silencio de la calle de un país que por primera vez se tercia sordo, sonríes. Vale, tus ojos lloran como nunca, pero nadie va poder quitarte de la cara esa puta sonrisa.

Nos olemos.

domingo, 22 de diciembre de 2013

BSO Erasmus OST

No lo digo yo, lo dice cualquiera que haya vivido una Erasmus: esa etapa tiene su banda sonora, sus canciones, sus días up y sus días down. Yo, que soy más bien de días down y música down- aka chingavenas, he recopilado las canciones que me recuerdan a mi Erasmus. Os cuento, además, la historia de cada una paso a paso:


1. Ángela, Señor Chinarro. Yo no conocía a ese señor ni a Ángela, pero el hecho de que fuera un cantautor (muy a su manera, pero cantautor) y que me la enseñara David hizo que me interesara. Luego estuvo en nuestro CD de viajes por el sur de Inglaterra, donde la escuchamos como 14 veces, así que entra en la clasificación por propios méritos.

2. Oviedo, Tulsa. Fue, si no el que más, uno de los paquetes que más ilusión me hicieron recibir. Se trataba de una carta de mi amiga Mj, que me mandaba Colacao y música decente (tan melómana ella, tan ignorante yo...), y en ese DVD venía un disco que es una joya del sello de Marlango, Subterfuge, el primer disco de un grupo hasta entonces desconocido por mí, Tulsa, que ahora es más que imprescindible y que forma parte de mi día a día. También incluí "Oviedo" en el famoso CD de Southern England, así que nos hartamos de oírla, y yo de explicar que se trataba de un grupo nuevo llamado Tulsa. Ya en Granada, en verano, me hice una camiseta con el nombre de otra canción como lema. Muy recomendable. TODO.

3. Somebody told me, The Killers. Antes de nada, TEMAZO! Porque es oírla y me sube la energía por todo el cuerpo. Sin duda, de lo mejor de los Killers (como decían los pijos del Orange County cuando nadie los conocía aún) y me recuerda a nuestras fiestas clandestinas (es decir, las mejores, las que hacíamos en casas) y a una italiana rubia desatada cantando a gritos, que es como debe cantarse esta canción. ¡Imprescindible en un CD de farra!

4. Recuerdo, Ismael Serrano. La de los días nostálgicos, la que aún me sirve para acordarme de esa época. La de los últimos días, la que se repetía constantemente en mi portátil o en el de Raquel y nos recordaba lo pequeños que éramos, el poco tiempo que nos quedaba y lo grande que es Ismael Serrano. Buah, aún la escucho y se me forman nudos en la garganta y cosas así. A veces también escuchaba "Cien días", pero ésa es otra historia.

5. King of Sorrow, Sade. Tampoco conocía a esta pedazo de cantante cuando llegué a Swansea. Me la presentó María, cortesía de su padre que la había empapado de buena música y una canción que me ganó al momento. La ponía María muy a menudo, y aunque ella no lo sabe, cuando se fue nosotros (Raquel y yo) la seguíamos poniendo y nos acordábamos de ella y queríamos por más que nada en el mundo que no se hubiera ido, que los días fueran más largos...

6. I Remember, Damien Rice. Digo ésta como podría decir cualquier otra canción de este cantautor irlandés. Por entonces creía que era estadounidense, apenas conocía sus canciones salvo "Elephant" y "The blower's daughter". Llegué a Swansea, y un día tarareando la canción Raquel me dijo que también le gustaba a ella, así que miré (ya lo sabía) los próximos conciertos y había uno en un mes o dos. Allá que compramos las entradas y nos presentamos al poco en Cardiff, por toda la cara, y asistimos a un espectáculo maravilloso que aún recuerdo como si se tratara de ayer :O
Conforme avanzaba el curso seguíamos oyéndolo, y los últimos días, cuando los recuerdos estaban a flor de piel, no dejábamos de reproducir I Remember, Raquel porque le encantaba la parte de Lisa Hannigan y yo la voz desgarrada de Damien en la segunda parte. Obsesiva, pero perfecta...

7. Apologize, Timbaland. Vale, no es un temazo, ni siquiera una canción que me guste mucho, pero cada vez que oigo ese its túleit tuapoloyaaaaaaiiiiis me acuerdo de la televisión británica, donde estaba siempre en el top 5. Unos meses después, así como medio año, seguía sonando aquí en los politonos de la Sexta y en toda discoteca que se preciara como tal.


Pues nada, son todos los que están pero no están todos los que son. Igual voy ampliando la lista hasta llegar al menos a 10-12, OK? Pero mejor lo dejo para otro día...

martes, 29 de octubre de 2013

Puta burocracia

Ya hablaba mi amigo David de la ineficacia de la burocracia, de cómo nos cierra puertas por un anexo o un punto de algún código estúpido que no ve más allá de su universo cuadriculado. A él no lo dejaban desde Donosti prolongar su estancia aquí durante todo el curso. A mí, afortunadamente, me dejaban desde Granada con la única condición de que la Universidad de Gales me admitiera entre sus alumnos este año. Esta mañana he salido muy animado de la clase Primetime Writers: TV drama, donde nos han hecho un test rápido con preguntas sobre series de televisión y algunas cadenas (el profesor no conocía una serie de la que he hablado!) y he respondido prácticamente todas las preguntas bien. Total, que después me he pasado por la oficina de Relaciones Internacionales para hablar con Carol Smith, la encargada de los alumnos aquí:
-Hello, I just wanted to ask you something. I'm from Spain and I'm supposed to be here until the end of January, but I'd like to stay the full year.
-Which one is your university in Spain?
-Granada... I asked them and they told me that there was no problem but I had to ask here.
-I have to check it. Hold on.
Espero. Todos los planes que me he hecho para el resto del curso (aquí y en España, planeo mi vida con tiempo, sueño más que creo) pasan por mi cabeza. La imagino entrando de nuevo por la puerta para decirme: "Hay pocas plazas, así que rellena este formulario cuanto antes"; también la imagino diciendo: "Lo siento, pero está todo ocupado". La imagino de mil maneras y cada vez se hace más sólido el pensamiento de que no habrá posibilidad.
Entra por la puerta con cara de NO, que eso se ve antes de hablar siquiera, y me dice que lo siente, pero que no quedan plazas para el resto del curso.
-Isn't it possible at all?
-If you're very desperate, you can pay the modules you study here and...
blablablablabla... no me importa lo que sigue. Sé que lo de pagar nosecuantasmil libras está fuera de mi alcance. No me explico cómo pagando aquí hay plazas, y si sigo pagando en mi universidad, no. Doy las gracias sin ganas de dar las gracias y me vuelvo con los planes y sueños colapsados en mi mente. Y vuelvo a casa con la garganta llorando, porque mis ojos se negaron a ello hace mucho tiempo. Como mi pistolero...
Granada, pensaba que nunca diría esto, pero no te echo de menos. Y a todo esto, puta burocracia.

lunes, 14 de octubre de 2013

De un noviembre lejano...


Se me acumulan las ideas y me queman en los dedos, pero aun así no encuentro forma de ganarle la batalla al tiempo y al aburrimiento, y como mente obcecada que soy, al final me obligo a escribir ya que no me sale solo. Permitidme esta descompensación de ideas, sin forma pero con fondo, que me comen la cabeza tiempo ha.
Quiero hablar del crecimiento personal que conlleva esta experiencia. Hablar de la Erasmus con las estúpidas y manidas concepciones que se tiene de ella es descalificar algo grande, muy grande. Hay gente que ha llegado a este lugar sin querer salir de casa, con miedo y sin la predisposición necesaria. ¿Para qué? ¿Para quitarte alguna asignatura hueso? ¿Para dar a entender lo maduro que eres ante aquellos que te ven como un crío acojonado por alejarse de casa? No sé dónde queda el espíritu Erasmus ligado al de ciudadano del mundo con esa actitud...
Puedes no aprender demasiado inglés, lo cual tampoco es desesperante porque la finalidad del desplazamiento no es esa. El objetivo es más ambicioso que el simple aprendizaje de una lengua: abarca la convivencia, la mezcla, la apertura de mentalidad, la amistad... Aprendes muchas cosas más valiosas. A afrontar los problemas en la distancia, a ver que la realidad es más real de lo que pensábamos, a viajar, a dejar de lado las obligaciones para ser tú mismo el que te imponga un cómo y un cuándo. Aprendes mucho, sí. Incluso de las conversaciones de las que no eres partícipe y de las personas que te rodean.
Cuando estuvimos en Londres, un hombre nos reconoció como españoles. Él era judío, no recuerdo bien de dónde, sólo una frase que nos dijo: "Vosotros sois la primera generación que respira, y eso es precioso". Respiramos. Respiramos e intentamos perdernos en cada átomo de la capital inglesa. Yo encontré la magia de la ciudad viendo el Big Ben por la noche y llamándolo descaradamente Tower of London. Probablemente llevaba toda la razón del mundo al reconocernos como parte de esos privilegiados que vinimos después de los tiempos negros de la dictadura. Hay cosas que no te planteas hasta que se te presentan en forma de señor judío que habla español entre una muchedumbre de Londres. Curioso.
El día de vuelta a Swansea encontramos algo bastante distinto: la entrada al Metro más próxima estaba cerrada porque se había producido algún tipo de ataque (¿un apuñalamiento tal vez?), y pudimos ver la sangre que manchaba todo.
Se aprende de todo.
De cada momento.
De cada persona.



Y lo mejor de todo esto sin duda es ser consciente de dicho aprendizaje. Hay más claves, cientos de ellas, pero las dejaré para otro día.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Los días raros

Regrets collect like old friends
Here to relive your darkest moments
I can see no way, I can see no way
And all of the ghouls come out to play
And every demon wants his pound of flesh
But I like to keep some things to myself
I like to keep my issues drawn
It's always darkest before the dawn

Florence and The Machine


No todo iba a ser divertido, ¿verdad? No todo iba a ser jiji, jaja. No todos los días iban a brillar con la misma luz, no todos los amigos se quedarían, no todas las promesas habrían de persistir.
            Digamos que un día, por ejemplo, te despiertas y al poco te llaman por teléfono para decirte que ha muerto alguien querido, un familiar, digamos que tu tío. Sientes que no es tu destino Erasmus el lugar donde deberías estar, que tal vez tu familia agradecería que estuvieras con ellos. No puedes hacer nada salvo pensar en los momentos con esa persona, en lo que le dirías, en lo que no, en lo que habéis vivido juntos. Piensas en tu familia, tratas de superar la pérdida a miles de kilómetros de distancia, a horas de vuelo, a mucho dinero que os separa. Te encierras en tu habitación, no dices nada. Te preguntan si te vienes a esta fiesta esta noche y dices que irás más tarde, porque ese día y no otro tienes la conversación más importante de tu erasmus.
            Hace dos días te llegó la carta de la chica a la que quieres llena de dudas, de preguntas, de confesiones incómodas. De incertidumbre. Qué mal, joder, si pudiera estar en casa, si estuviera en España, si fuera impulsivo y viajara de cualquier modo, sin planteármelo sin más, comprando el billete y presentándome ahí. Pero ese día sólo quieres llorar, y pones el Skype y tampoco dices que se ha muerto tu tío, porque sólo importáis tú y ella. Y habláis, y dices mil frases que con el tiempo olerán bajo la piel como el hueso podrido en la tierra. Dices ojalá, y dices eres tú, y dices soy yo, y somos, y tequiero, por qué no decirlo, y dices confío en ti, y dices ya queda menos, y seamos fuertes. No sabes si las palabras llegan con fuerza a través de Internet, ese fantasma tecnológico que se ha convertido en tu más fiel aliado, porque las palabras no salen con fuerza de tu boca por culpa del nudo de alambre en que se ha convertido tu esófago, y hablas y habláis, y escuchas y el ruido es sordo.
            Al fin, cuando sales a la calle, cuando te excusas porque tienes que salir, coges la cazadora y caminas solo por la calle. Caminas solo. Llueve, y das gracias a que Gales sea lluviosa, porque de otro modo las lágrimas serían demasiado evidentes, porque el agua barre tu cara, porque para cuando llegues a la fiesta, se habrá pasado la congestión. Puede que bebas sin más, trates de olvidar, sonrías, bailes detrás de una cerveza, hagas fotos, trates de que los demás se diviertan, porque sería egoísta pretender arrastrar a los demás contigo, a tu drama. Te acabas la cerveza, te haces a un lado y piensas, y sientes que estás solo. Habrá cincuenta, sesenta personas a tu alrededor, pero es como si estuvieras solo. Joder, qué mal, piensas. Joder, qué mal, bebes.
            A las cinco, seis, te recoges y nada más llegar abres el portátil en la cama. No hay rastro de nadie, ni un email, ni una conversación a deshoras. Tu nuevo mejor amigo se conecta en su cama a dos calles de ti. Le hablas por el chat de Facebook: "Hoy se ha muerto mi tío", escribes. Te sientes agradecido. Después de todo, no estás tan solo. Duermes.


Como ese día, puede que haya muchos. Días en los que, a pesar de la gente, sólo te apetezca estar solo, en los que te hartes del frío, del idioma, de no estar en casa.
            Esos días te escudarás tras la ventana a escuchar música triste, canción de autor y rock melancólico. Algunos días optarás por no salir de casa, quedarte metido en la cama lejos del ruido de la gente y del ritmo del mundo. Tal vez te llegue una carta importante, una de esas escritas a mano donde las cosas hieren más que afirman. No desistas, la vida no era fácil. Lo estás aprendiendo. Habrá cientos de días en tu vida en los que te cansarás de estar en ti, de ser lo que eres, de hacer lo que has decidido.
            Pero esos serán los menos. Es, como digo, un día en toda una estancia el que queda grabado. Más abajo, entre las tripas y el corazón, estarán los nombres de tus amigos, los viajes, las anécdotas. Amarás tanto haber estado triste para valorar la felicidad...

lunes, 9 de septiembre de 2013

El día a día

La otra noche estuvo bien. Estuvo bien por los planes, pero sobre todo por la gente. No sé si es que soy amigable o si en el extranjero es más fácil hacer amigos, pero aquí voy recolectando poco a poco. ¿Es difícil para vosotros determinar cuándo os hicisteis amigos de alguna persona? Recuerdo que, por ejemplo, quise o sabía que quería hacerme amigo de Juanpe tras una noche en la que nos quedamos en el piso "viendo" Lost in translation, aunque a la pobre de la Johansson no le hicimos ni caso y estuvimos hablando hasta las tantas. Como éste tengo otros casos que se me quedaron grabados a fuerza de rodearme de gente así.

La otra noche fuimos a cenar a casa de unos amigos, David e Iñaki, que hacían tortilla española y ya se echa de menos (yo hacía que no la probaba... buffff). La tortilla estaba en su punto, todo hay que decirlo. Después, para redondear la noche habíamos quedado en ir a un pub que se llama Uplands Tavern o algo por el estilo. Se trata de un sitio donde músicos y algunas bandas tocan en directo mientras tú te sientas en plan tranqui con tu cerveza o dosis de cafeína en la mano. De hecho, fuimos porque un chico sevillano toca ahí de vez en cuando con su guitarra y, puesto que aquí somos bastantes españoles, nos plantamos a las 9.30 acompañados por varias Erasmus francesas. Pues bien, tras la actuación de Salvi, que nos dejó por ejemplo algo de Manu Chao, estuvi(mos)eron echándose un billar del que pude ser testigo más tarde gracias a las facilidades que aporta la cámara integrada de mi móvil en el video.

Después, como viene siendo habitual, acabamos en casa (la nuestra es la mejor, muajajaja) para ver Ratatouille, que... por cierto, se nos hizo bastante pesada. Si es lo que digo, desde que nos pegamos estas sesiones de cine nos estamos volviendo de un tiquismiquis... Hoy se supone que íbamos a salir, pero por lo general estábamos bastante cansados y mañana hay otra fiesta en otra casa.

Ya para acabar, a ver si paso pronto las fotos que he echado hoy en la primera salida de la Photography Society. Me han dejado una pedazo de cámara reflex digital que es lo mejor que he tenido entre mis manos.


Halloween

Ha pasado casi una semana, de acuerdo, pero es que estoy pendiente de tantas cosas que se me olvida lo importante. Puesto que prometí crónica y no tengo ganas de contar, os dejo una minicrónica. Los disfraces fueron bastante improvisados o, como mucho, a una libra de coste máximo. Total, que allí que fuimos todos a casa de Sheila, aunque esa noche hubo (de la gente que nos solemos reunir) tres fiestas distintas. Si aquí estuvo la cosa bastante repleta, imaginad si todos hubiéramos ido al mismo sitio. Bebimos, bebimos y volvimos a beber en la prefiesta, de modo que algunos salieron de la casa con un pedo considerable. Por la calle nos fuimos encontrando a mucha gente que, al igual que nosotros, iba disfrazada, de modo que el tema de conversación surgía pronto. Había un chaval de la Drama Society que llevaba un traje azul con estrellas y gafas grandes coloridas, y decía que había salido de su casa como Harry Potter, pero que como perdió el sombrero, ahora era Elton John xD
Luego fuimos a un pub donde acabar la noche y nos reunimos bastantes más de los que estábamos al principio, aunque fue en plan perro (al menos por mi parte) y nos tiramos media noche tirados en un sofá. Pensaba que ese día era el fallo del jurado, pero lo pasé tan bien que lo olvidé completamente (I swear). Iñaki grabó unos videos, uno detrás de otro porque se acabó la batería, durante la fiesta en casa de Sheila. Realmente valen la pena. Un trozo de Halloween no británico, pero bastante Erasmus, desde Swansea al resto del mundo.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

La noche más extraña de mi vida

No sé si lo fue o no, pero una de la más extrañas, sin duda; más extraña que la noche del perro en la escalera... Como bien sabéis, ayer era la Porno-Party en Swansea dentro del marco de la semana de los novatos que plantea la universidad. Quedamos un grupo de españoles para comprar las entradas, ya que iba a ir todo el mundo, y después hacer botellón en cualquier parte para ahorrarnos las consumiciones posteriores en la discoteca. La cuestión es que bajamos donde la fiesta porno, fácilmente identificable gracias a las tías en lencería fina colección Putón 2007 y a los tíos en gayumbos y todo tipo de artimañas para parecer chulos pornostar. Las entradas estaban agotadas. No me extrañó demasiado, pero sí que llevaran 2 horas agotadas. En cualquier caso, nosotros no nos amilanamos y tiramos pa una plaza que hay en el centro de la ciudad con un castillo semiderruido y una fuente en forma de pequeña catarata escalonada. Allí hicimos botellón y nos juntamos cerca de 20 personas entre españoles y algunos erasmus italianos y franceses.

En Swansea hace mucho frío, pero que mucho frío. Nosotros, que con la duda de si nos dejarían entrar en la porno party no nos abrigamos convenientemente, lo sufrimos en nuestras propias carnes. Vale que se está genial hablando de guay con la gente en la calle, pero según a qué temperaturas… así que al final decidimos ir a un pub de cuyo nombre no quiero acordarme (mi mala memoria). El gorila era un tío de Canarias que vende móviles en una tienda, aquí en Swansea, de modo que nos conocía y, si tenía que poner alguna pega, no la puso y entramos todos. El sitio estaba genial, con un montón de sillas y barras donde sentarte, mesas apartadas de la zona de baile, y aparte contaba con otra sala donde ponían otra música. Estaba todo lleno de gente medio disfrazada para una porno-party a la que no habían podido asistir. La música… conociéndome, lo cierto es que bah, siempre lo mismo. Total, que llegó la 1 y pico de la mañana, que aquí es considerablemente tarde (cierran los locales a las 3), así que decidimos irnos unos cuantos. Raquel (compañera de casa), Iñaki (otro Erasmus en Swansea) y yo nos fuimos juntos. Ahora empieza lo bueno…
Pasamos por muchas casas, pero resulta que una de ellas tenía en el jardín varios muebles, entre ellos un sofá sin sus cojines. Iñaki se mete en el jardín y le da por comprobar el estado del sofá. Parece que le gusta lo que ve. Le gusta tanto que propone llevárselo a su piso para colocarlo en el dormitorio, y he aquí que yo lo ayudo. Durante el trayecto, que no es moco de pavo ya que atravesaba media ciudad, los dos caballeros cargan con el armatoste ante la mirada de los jóvenes que llegan de fiesta. Algunos se ofrecen a ayudar, aunque nosotros declinamos amablemente su proposición, y uno pregunta que si lo hemos robado (:o). Cuando llegamos sólo tuvimos que subirlo tres plantas arriba en una de las escaleras más estrechas en las que se ha subido un sofá. Podréis decir: menuda trola se ha inventado el menda, pero hay pruebas que atestiguan los hechos.
Llegué a casa con la lengua seca y los brazos insensibilizados. Ahora bien, antes de seguir os pongo en antecedentes. Todo Reino Unido está pendiente del caso Madeleine, pero mi barrio, Brynmill, tiene una segunda preocupación: el caso Alice. Alice es una gata que se perdió por aquí hará unas semanas, y sus dueños lo llenaron todo de carteles para recuperar a la mascota perdida. Cuando entrábamos en casa muertos de frío y con témpanos que nacían de nuestras narices, encontramos en mitad de la calle a una gata negra y blanca que ya habíamos visto días atrás. A mí los animales me dan bastante lo mismo (remitámonos del nuevo a la noche del perro), pero Raquel no pudo sino obligarme a llamar al animal para cogerlo. Lo llamé, lo cogió y lo metimos en casa a eso de las… 2 de la mañana. Ya era nuestro, pero no teníamos teléfono ni dirección. Dejamos al gato en la casa (con toda la conciencia del mundo de que había una alemana y un húngaro durmiendo a los que no les haría mucha gracia despertarse y encontrar al animal pululando por ahí) y volvimos a salir, yo reticente, ella tirando de mi brazo, para localizar el papel de socorro. Nos recorrimos varias calles de alrededor, pero no hubo suerte, así que cuando llegamos a casa se nos ocurrió… mirar al cuello, al collar! Y había un número!!! De modo que me tocó a mí llamar (no sé por qué todos piensan que es más apropiado que Jose sea el que hable), pero no respondió nadie (es como si en España te llaman a las 4-5 de la mañana). Le pusimos leche, pero si Raquel se la daba, no la quería; si era yo, el gato caprichoso bebía. Bebía y me seguía. Y pretendía colarse en mi dormitorio! Pero al final Raquel tomó la decisión de dejar al gato en su cuarto hasta la mañana siguiente y yo me desentendí.
A la mañana siguiente, nada más levantarme, lo primero que fui a comprobar fue si el gato estaba bien. Pero el gato no estaba… Raquel lo había dejado marchar a mitad de la noche. Por lo visto, el gato se puso nervioso y estaba yendo de acá para allá dando saltos, maullando, ronroneando, subiendo a la cama, rascando en la puerta y, y, y mirando el cristal que da a la calle. Raquel se despertó, abrió la puerta, dejó que el gato saliera, volvió a la cama y pensó: “Dios mío, ¿qué he hecho?” Lo cierto es que hoy la hemos estado atormentando durante todo el día con la historia del gato, pero esta vez tiene final feliz. Esta noche ha salido a la calle antes de acostarse por si estaba el gato, y estaba. He vuelto a llamar y se ha puesto una mujer. Me ha dicho que el gato vive en esta misma calle, que no se ha perdido sino que está suelto por los alrededores, y que podía dejarlo salir sin problemas. Lo hemos dejado libre. A los 5 minutos han llamado al timbre y era una chica con el pelo azul y la cara y el cuerpo cubiertos de tatuajes que se ha presentado como la dueña del gato. Nos ha dado las gracias por avisar, y aunque por ahí sigue habiendo una gatita Alice desaparecida, nosotros al menos conocemos a una de las vecinas.

Jo, qué noche.

domingo, 1 de septiembre de 2013

La calle es nuestra

Basta con viajar un poco para descubrir diferencias culturales. España es conocida en el mundo entero, y esto es nuevo, por el botellón. Sí, el hecho de que la gente quede en la calle para beber hasta reventar, para beber sin pagar la diferencia que se llevan los establecimientos, en grupos numerosos, decenas, cientos, miles de personas en la calle a pesar del frío, a pesar del calor. Tampoco es algo tan extraño. La gente también bebe en la calle en otras partes, en algunas regiones de Francia o Italia, también en Lisboa, el Bairro Alto de Lisboa lleno de gente por la noche.
            En otras partes, como en Reino Unido, si bien no está permitido eso de reunirse a beber en la calle, las consecuencias repercuten en la vía pública. Con esto de que los locales cierran tan temprano, la costumbre es beber sin ton ni son antes de que echen al personal a la calle, de modo que no es extraño salir a las doce o una y encontrarlo todo lleno de gente borrachísima. El escándalo es enorme; la decencia, mínima. La diversión, como no podía ser de otro modo, desatada.
            Pero la calle no sólo tiene por qué suponer alcohol y farra. La calle supone una fuente de anécdotas y souvenirs para cualquier estudiante que se precie. Y es que los estudiantes, último eslabón de la cadena económica, tienen que sobrevivir a fuerza de ingenio y sabérselas todas para conseguir una vida idónea. Recuerdo una noche, cuando volvíamos de fiesta, las tres o cuatro de la mañana, Swansea, Gales, un frío del carajo, frente a una casa, en la calle, un sillón de piel. El más avispado no tardó en enamorarse de él y tomamos la decisión de cargarlo en brazos hasta casa, y eso hicimos. Lo cargamos por la calle como si fuéramos en procesión, cantando, gritando y riendo. El sillón estuvo ahí todo el curso, pero es que además al poco encontramos un sofá que también nos llevamos.
            Por no hablar de carros de supermercado. Todo piso y casa de estudiantes que se precie ha de tener un carrito de supermercado de uno de esos días en los que el presupuesto está demasiado apretado como para viajar en taxi y la compra es ingente. De modo que nada, a arrastrar el carro por media ciudad, y al final aparcarlo en el jardín trasero o en medio del salón como una decoración de lo más original. Además, siempre se le puede encontrar utilidad. Los últimos días, por ejemplo, se puede meter ahí la comida restante, la ropa y cosas que no te vas a llevar a tu país, y hacer un tour de despedida por las casas de todos tus amigos: para hacer más llevadero el adiós, dejarles un kilo de arroz y una botella de vino o un canasto para la ropa sucia puede ser aliviante.
            Pero si la calle es importante para algo, es para conocer gente. Hay que saludar a los vecinos, invitarles a las fiestas en casa, preguntar qué tal el día... Si tienes suerte de vivir en un país donde el clima permita pasar mucho tiempo en la calle, cuentas con una oportunidad única para conocer a tropocientas personas. Grupos de jóvenes que pasan de madrugada con ganas de diversión, los misteriosos vecinos al otro lado de la calle, compatriotas a los que reconoces por la lengua, etcétera. Anímate a abordarlos, aprovecha ocasiones especiales como carnavales, Halloween, Fiesta de la Primavera, celebraciones con fuegos artificiales, celebraciones de calles y barrios... Si te involucras en la vida de tu barrio y ciudad, conseguirás lo excepcional: conocer nativos con quienes mejorar el idioma de forma espectacular y con quienes mantener la amistad cuando tengas que volver a casa. Así, siempre tendrás casa en tu ciudad Erasmus, aunque eso a estas alturas no lo dudamos, ¿cierto?
            ¿Cómo darle vida a la calle? ¿Cómo hacer la calle nuestra? Hay países donde la gente, de correcta, es sosísima. Decora un poco tu fachada, dibuja caras sonrientes en tu ventana, algo que la distinga del resto, pon musiquita sin molestar, pero que se note. La música da alegría. Si tocas algún instrumento, anímate a hacer un poco de música callejera, pero no te limites al centro de la ciudad con los otros buskers, sino a tu barrio. Toca frente a casa, llama a tus amigos erasmus e improvidad un conciertito que anime el cotarro. Todo esto, si se hace desde el respeto y teniendo en cuenta a los vecinos, puede ser un gran punto a vuestro favor. Quién sabe, puede hasta que ganes algún dinerillo si pones una gorra. Desde luego, conocerás gente. Haz una barbacoa con más gente y ofrece hamburguesas y perritos a los curiosos de la calle. Así, si en principio se sienten molestos, descubrirán que hay buena voluntad tras el gesto y transigirán. Os haréis amigos.

¡Viva la calle!

jueves, 15 de agosto de 2013

Koldo: una Erasmus II

Huele distinto. Koldo acaba de pisar por primera vez en su vida suelo inglés. God bless the Queen, piensa, y sonríe. Al final se pilló un vuelo con Marina, la chica de Girona que hace Educación Especial. Están nerviosos, están emocionados, ya están ahí. Además, es 2 de septiembre, de modo que tienen muchísimo tiempo hasta que empiecen las clases para conocer la ciudad y hacerse una idea de la vida ahí. En el aeropuerto, mientras esperan para coger las maletas, conocen a una chica canaria. Se llama Dafne y es menuda, morena, una bomba. Koldo la ayuda con un maletón casi más grande que ella e intercambian números de teléfono, correos y facebooks. Ya han conocido a la primera cómplice de su vida en Oxford. Les explica que ella viene a Inglaterra a trabajar, que le habían dicho que siempre contrataban a españoles en hoteles y restaurantes. Koldo se da cuenta de que aún es un crío, de que hay gente como él, más joven que él que le echa huevos a la vida. Dafne tiene veinte años, no habla inglés y se ha plantado en Oxford sola con el saldo suficiente para sobrevivir unos días hasta que encuentre algo. Koldo le propone que se mude con ellos unos días y a Marina la idea le parece bien. Al final, contra todo pronóstico, han decidido prescindir del alojamiento universitario y se han ido a vivir con una chica de Bristol y un alemán llamado Stefan. Se van los tres en el bus que los lleva a la ciudad y Koldo se da cuenta de que Dafne es lo mejor que le ha pasado en mucho tiempo, de que el destino dispone de modos que escapan al control del hombre.
            En la estación de autobuses comparten taxi, intentan pronunciar todos ellos la dirección lo mejor que pueden, aunque el taxista les pide un papel para que no haya confusiones. Los minutos que dura el trayecto a casa, entre la incertidumbre y los intentos infructuosos por entablar conversación con el taxista, Koldo duda. Tal vez esta idea haya sido una puta mierda. ¿Y si no entiende nada? ¿Y si lo suspende todo?  No obstante, la presencia de Marina y Dafne es reconfortante. Nada es tan malo con ellas a su lado. Además, parece que esa semana va a hacer buen tiempo y podrán hacer mil excursiones por la ciudad.
De momento, bromean en el taxi y se fijan en cada calle, todas iguales, todas distintas, y se preguntan cuánto tardarán en conocerse la ciudad. De momento, se trata sólo de un fantasma desconocido y enorme. Llegada una calle, el taxista dice algo y reduce la velocidad.
            -Welcome to Oxford -dice con un acento tan real que les deja el corazón en el estómago. Así no suena el inglés que les han enseñado hasta hora, menuda panda de mentirosos.
            -Thank you -resuelve Marina, y bajan del taxi.
            Miran el número en el papel, se despiden del taxista y se dirigen juntos a la puerta. Llaman al timbre y aparece Alex, la chica inglesa que, como habían acordado, espera su llegada. Les regala un gesto extraño cuando ve que, en lugar de dos, son tres. Koldo explica que han encontrado a Dafne en el aeropuerto y se quedará con ellos hasta que encuentre algo. Alex responde que le parece bien mientras se quede en sus cuartos. Ya son cuatro en la casa, y está por llegar Stefan, el alemán, que viene justo cuando empiece el curso. Un tipo sale de dentro y se presenta.
            -He's just a friend -dice Alex.
            -Mark -se presenta el hombre.
            Parecen una familia, y Alex propone enseñarles sus habitaciones. Marina tiene la pequeña porque era más barata, de modo que deciden que Dafne se quede con Koldo esos días. La habitación de Koldo es exactamente como la imaginaba: hortera, con papel en las paredes y moqueta. Por lo demás, no está mal. La ventana da al patio trasero y parece cómoda. Koldo y Dafne abren las maletas y lo sacan todo poco a poco, aunque ella prefiere dejar gran parte de su ropa dentro: comida, aceite, ropa interior, dinero, abrigos, calzado, medicinas... Koldo abre el ordenador y pone algo de Eric Clapton; se sorprende al ver que Dafne tararea las canciones.
            Al poco, Marina entra en la habitación y comparten impresiones. Necesitan Internet, necesitan la clave del wifi y se la piden a Alex. Se conectan: escriben algún mail, actualizan sus estados, abren Skype. Son. En la distancia, son parte de algo.

domingo, 11 de noviembre de 2012

El último empujón


Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Jaime Gil de Biedma

Tu prima la de Murcia estuvo un año en Atenas, insiste en que te vayas. El vecino del quinto, ése que siempre saludaba, estuvo sus dos buenos años en Ratisbona, Alemania. Hasta la muchacha con la que tus padres se empeñaron en que aprendieras inglés estuvo su año Erasmus en Sheffield, aunque conserve acento de Matalascañas. Con todo, aún no te decides: ¿irme a otro país, con el hambre que pasó la hija de la prima segunda de mi madre cuando se fue con una familia a Rennes? Ni pensarlo. ¿Con la lluvia y el frío? ¿Con lo caro que es todo? ¿Con el pánico que le tengo a viajar? ¿Con lo que yo quiero a mi novia?
            Tengo entendido que a mucha gente le asalta la duda incluso después de haber solicitado un traslado, incluso después de concedérselo, incluso después de viajar al país en cuestión. Gente que, una vez en la habitación de su casa croata, se viene abajo. Es por ello que escribo este libro, para animar al indeciso, para describir las maravillas de la vida en otra tierra, para hacerte dar el paso, te propongo que veas algunas películas, que leas algún libro inspirador. Si después de esta sesión sigues sin ganas de irte, tengo una mala noticia: estás muerto por dentro.

Antes del amanecer (Richard Linklater, 1995)
Coges un tren en un extremo de Europa y en medio del trayecto ves que la única otra persona joven es una chica con la que empiezas a hablar. Habláis y joder, te cae muy bien, demasiado bien, me cago en la puta qué bien me cae, no jodas, si habré conocido a mi media naranja. Le dices: "Me bajo en Viena. Te propongo una cosa: baja conmigo y pasemos la noche juntos por toda la ciudad. Mañana, en cuanto amanezca, nos decimos adiós, y punto. Ambos ganamos una noche inolvidable". ¡Y acepta! Acepta. Os pasáis toda la noche por la ciudad dando tumbos, comiendo, bebiendo, hablando con extraños, visitando tiendas y bares a los que nunca volverás. Hablarás de tu pasado, de tus miedos, de tu incertidumbre. Aprenderás a escuchar. No querrás que pasen las horas, no querrás que vuelva el sol. ¿Te habrás enamorado?
Los viajes en tren es lo que tienen...
Si te toca la patata, échale un vistazo a la secuela, Antes del atardecer.

Hacia rutas salvajes (Sean Penn, 2007)
Un niño bien termina la carrera y está harto de todo, de ser un niño bien, de un coche que no necesita, de su cuenta corriente llena de ceros, de su novia, de sus amigos aletargados, de un sistema que envilece al hombre y duerme la jovialidad. De pronto, se rebela. Tras la graduación, tras lanzar su gorro al aire y discutir con unos padres que no comprenden su inconformismo, desaparece. Se va de casa por voluntad propia sin nada más que una mochila a recorrer todo el país, a vivir la vida, a internarse en la naturaleza, hacia rutas salvajes. En su camino conocerá personas que le cambiarán la vida, a unos que le comprenden y otros que no, a unos que le admiran y otros que piensan que se ha vuelto loco, a personas de todo tipo que le harán comprender que sí, tenía razón, era hora de lanzarse con las tripas por delante a descubrir lo que la vida cómoda le había ocultado por tanto tiempo.

Novela: En el camino (Jack Kerouak, 1951)
Con la aparición de Dean Moriarty comenzó la parte de mi vida que podría llamarse mi vida en la carretera...
Así comienza este viaje a las raíces de la América que nos gusta, la América de la ruta 66, la del jazz, los beats, los hipsters y la verdad. Jóvenes escritores puestos de todo, tres viajes, mujeres bonitas, musos, musas, realidad, ficción, reinventar un país, reinventar la juventud, la vida, el amor , el viaje. En el camino es el origen de demasiadas cosas, demasiadas obras de arte e inspiraciones, el punto de unión de cientos de artistas a lo largo de la historia, la que debería ser la obra definitiva de la tradición estadounidense, la que enseña al mundo que sólo la juventud y los kilómetros son el combinado perfecto para alcanzar la sabiduría. Quien se aventure en este viaje aprenderá demasiado, vivirá demasiado, puede que nunca pueda salir de una espiral que es demasiado.

Soñadores (Bernardo Bertolucci, 2003)
París, mayo del 68. Un estudiante estadounidense asiduo a la filmoteca se encuentra un día en medio de la revuelta popular hasta que dos hermanos franceses lo salvan del caos y lo lanzan a la vida. Ella, una diosa; él, un adonis. El extraño en casa de los dos burgueses en un juego de extrañeza, de enfermedad donde realidad y ficción, vida y cine, sexo y amor cambian de cara constantemente. El juego macabro que emprenden los tres tiene tintes mortales, suicidio, incesto, revolución, lucha, juventud que rebosa por los cuatro costados. Atravesar el Louvre en una carrera loca, ocultar secretos a los padres, redescubrir en qué te has convertido rodeado de extraños en una ciudad que no, no es la tuya. Asumir que la vida era esto, errar y aprender, y volver a errar, y volver a aprender para volver a errar.

Una casa de locos (Cédric Kaplisch, 2002)
¿Qué os creíais, que una beca con la tradición de la Erasmus no iba a tener su propia película? Xavier es francés, pero no le importa ser o no francés, él lo que quiere es escribir. Para aclararse y dar un giro a su formación, se va a Barcelona con el programa Erasmus. Deja a su novia Martine en Francia, antepone su vida al amor, o eso cree... Un francés, un alemán, una inglesa, una belga, un danés, una española y un italiano. No, no es un chiste. En este piso vive Xavier en plena Ciudad Condal y tendrá que aprenderlo todo de nuevo: a mantener el amor en la distancia, a evitar la tentación, a convivir con gente tan extraña, a una situación de diferencia lingüística ora español, ora catalán. A vivir la vida como un Erasmus, a maldecir a los profesores en otro idioma, a aguantar las fiestas a otro ritmo. A vivir, que no es poco. Si te gusta, hay una secuela llamada Las muñecas rusas.

domingo, 2 de enero de 2011

Un año más, un año menos...

Una de las mejores partes de la Erasmus es el regreso al destino, a los amigos, a las fiestas, a los exámenes próximos, los viajes, los amores furtivos, los amigos, los amigos, los amigos.
Y llegar un día y abrazarlos como si los hubieras echado muchísimo de menos (de hecho, los has añorado en demasía). Recuerdo mi vuelta a Swansea: mis compañeros de casa y amigos ya estaban allí, me esperarían. Arrastré las maletas llenas con una nostalgia dolorosa, como una quemazón muy intensa y observé en el autobús primero y segundo los paisajes galeses, y las calles galesas y sus gentes, el supermercado, todo, todo, todo. Luego cogí un taxi que me llevó a casa, y no había nadie ahí. Mis amigos habían ido a comprar al supermercado, pero en la escalera me esperaba una pila de cartas y postales y otras maravillas que casi me hicieron llorar. Recuerdo perfectamente cómo abandoné la maleta en medio del pasillo y me quedé hecho un ovillo en el salón-comedor, en mi sofá de rayas, mientras leía palabras que amigos y conocidos habían escrito unas semanas antes para mí, para que no me sintiera solo en tierras galesas. Luego, cuando oí la puerta, me lancé a mis amigos y los abracé e hicimos la comida juntos y la vida volvía a ser como siempre había sido.
Ya estaba en casa.




Os deseo un FELIZ AÑO NUEVO a todos y un resto de Erasmus espectacular. Pronto, más recetas sencillas y relativamente sanas  :)

sábado, 30 de octubre de 2010

De un noviembre lejano...


Yo en Stonehenge


Se me acumulan las ideas y me queman en los dedos, pero aun así no encuentro forma de ganarle la batalla al tiempo y al aburrimiento, y como mente obcecada que soy, al final me obligo a escribir ya que no me sale solo. Permitidme esta descompensación de ideas, sin forma pero con fondo, que me comen la cabeza tiempo ha.
Quiero hablar del crecimiento personal que conlleva esta experiencia. Hablar de la Erasmus con las estúpidas y manidas concepciones que se tiene de ella es descalificar algo grande, muy grande. Hay gente que ha llegado a este lugar sin querer salir de casa, con miedo y sin la predisposición necesaria. ¿Para qué? ¿Para quitarte alguna asignatura hueso? ¿Para dar a entender lo maduro que eres ante aquellos que te ven como un crío acojonado por alejarse de casa? No sé dónde queda el espíritu erasmus ligado al de ciudadano del mundo con esa actitud...
Puedes no aprender demasiado inglés, lo cual tampoco es desesperante porque la finalidad del desplazamiento no es esa. El objetivo es más ambicioso que el simple aprendizaje de una lengua: abarca la convivencia, la mezcla, la apertura de mentalidad, la amistad... Aprendes muchas cosas más valiosas. A afrontar los problemas en la distancia, a ver que la realidad es más real de lo que pensábamos, a viajar, a dejar de lado las obligaciones para ser tú mismo el que te imponga un cómo y un cuándo. Aprendes mucho, sí. Incluso de las conversaciones de las que no eres partícipe y de las personas que te rodean.
Cuando estuvimos en Londres, un hombre nos reconoció como españoles. Él era judío, no recuerdo bien de dónde, sólo una frase que nos dijo: "Vosotros sois la primera generación que respira, y eso es precioso". Respiramos. Respiramos e intentamos perdernos en cada átomo de la capital inglesa. Yo encontré la magia de la ciudad viendo el Big Ben por la noche y llamándolo descaradamente Tower of London. Probablemente llevaba toda la razón del mundo al reconocernos como parte de esos provilegiados que vinimos después de los tiempos negros de la dictadura. Hay cosas que no te planteas hasta que se te presentan en forma de señor judío que habla español entre una muchedumbre de Londres. Curioso.
El día de vuelta a Swansea encontramos algo bastante distinto: la entrada al Metro más próxima estaba cerrada porque se había producido algún tipo de ataque (¿un apuñalamiento tal vez?), y pudimos ver la sangre que manchaba todo.
Se aprende de todo.
De cada momento.
De cada persona.


Y lo mejor de todo esto sin duda es ser consciente de dicho aprendizaje. Hay más claves, cientos de ellas, pero las dejaré para otro día.

jueves, 14 de octubre de 2010

Pechugas en salsa de roquefort

Una receta sencillísima que he perfeccionado a base de práctica. Atentos, es tan fácil que asusta.

Necesitamos
-Unas pechugas de pollo sin filetear o fileteadas, al gusto
-Queso Roquefort/azul/verde/que huela a podrido
-Nata para cocinar
-Cebolla
-Brandy/Coñac/Alcohol (vamos, estudiantes, no os costará haceros con un chorrito)
-Aceite de oliva y sal

Se hace tal que asín
  1. Salamos la carne (cortada en trozacos con unas tijeras o fileteada) por ambos lados y la freímos muy, muy poquito en la sartén con aceite. Lo justo para que se quede marcada por fuera y cruda por dentro y retiramos.
  2. Picamos media cebolla o una si es pequeña, muy picada, o en juliana, según lo delicado que sea cada uno. La freímos, esto es, la doramos y dejamos que se poche. Para que esto salga bien y no se queme ¡consejo! un chorrito de agua con el aceite.
  3. Añadimos nata, bastante, que cubra toda la cebolla y ponemos el fuego flojito. Cortamos un trozo de queso azul/roquefort, como unos 50-70 gramos, aunque esto depende del gusto también. Recomiendo empezar con un poquito, diluirlo en la nata e ir añadiendo queso hasta alcanzar el sabor óptimo. Cuando el queso se ha diluido en la nata, es decir, cuando todo parece una salsa uniforme, le ponemos un chorro de coñac y la sal.
  4. Una vez tenemos la salsa, hay dos opciones: 1) Triturar (por lo de la cebolla) y que quede algo más espesa y sin tropezones; 2)No triturar (era obvio) y aprovechar la deliciosa textura suave de la cebolla en nata.
  5. Ya es el momento de añadir la carne y cubrirla bajo la salsa (por eso decía que hay que ser generosos con la nata). Tapamos la sartén/olla y dejamos que dé un buen hervor a fuego lento. La carne queda así muy, muy jugosa. A los 10-15 minutos de cocer la carne en la salsa, está lista. Se le puede poner pimienta (liga muy bien con la nata), y a comer!!!

La salsa está deliciosa para mojar sopas, así que estate bien aprovisionado de pan. Si acompañas estas pechugas con una ensalada, queda una comida de alucine; si la ensalada lleva pequeños trocitos de roquefort, ya es la quinta muerte gastronómica.
¡Que aproveche!






pd: esta receta es absolutamente mía  :D   y bien orgulloso que estoy de ella

lunes, 27 de septiembre de 2010

Fresher's week


Todas las universidades con tradición de estudiantes de todas partes, esto es, con tradición universal, aprovecha la primera semana o Semana de los Novatos para dar a conocer todas sus posibilidades. Desde los locales molones hasta las distintas asignaturas (por lo general, podréis aprovechar esta semana para ir a las clases y ver si os interesan las diversas materias y/o profesores), pasando por todas las asociaciones estudiantiles de que disponen las universidades (no sé, club de fotografía, de cine, bandas de música...) y que son lugares únicos para conocer gente con aficiones afines a las tuyas. En esta primera semana hay más fiesta que de costumbre, lo pasarás muy bien, conocerás decenas y docenas de estudiantes internacionales (algunos de los cuales no volverás a ver en tu vida), pero aprovecha estos días para hacerte un hueco en ese mundo difícil que puede resultar una universidad extranjera, ¿hecho? Puede que las decisiones de la Fresher's Week condicionen el resto de tu estancia Erasmus, así que al menos aprovecha para conocer la institución y la ciudad. Cuanto más lo dejes, más tiempo estarás perdiendo, y el tiempo en el año erasmus es algo precioso y muy valioso, pues cuando te quieras dar cuenta estarás despidiéndote de la primera hornada de internacionales y sentirás profundamente no haber pasado más tiempo de provecho.

jueves, 9 de septiembre de 2010

A unos días de irme

De haberlo sabido...
No existo más allá de los Pirineos
Uno piensa que en el resto de Europa las cosas no pueden ser demasiado distintas a España, pero no es así. Fuera de nuestras fronteras es muy difícil encontrar productos tan básicos como tomate frito (encontrarás mil salsas de tomate triturado, boloñesa, con basil, con orégano... pero NO tomate frito, así que es conveniente que empecéis a despediros de comer pasta con tomate a no ser que toleréis la acidez general de las salsas de tomate europeas. En cualquier caso, es conveniente llevarse al menos  unos cartones (pesan poco y el tetrabrick es perfecto porque no debería romperse en la maleta) de tomate frito para comidas más allá de la pasta. Os lo digo yo, y eso que tuve suerte y en la primera compra que hice en Swansea encontré tomate frito de verdad, de una de esas marcas míticas como Irlando o Apis. Total, tomate frito. No lo volví a encontrar en todo el año.
            Tampoco encontré otra cosa basiquísima como puede ser vino blanco de cocina. Sí, el típico cartón de vino de mierda para cocinar... no los había, aunque eso sirvió para que desarrolláramos recetas increíbles (os aseguro que no me creeréis cuando os las describa). Un par de cartones de vino blanco no pesan mucho (siempre puedes llevar sólo uno para cocinar unos meses hasta que alguien te visite).
Tampoco encontré -claro que tampoco busqué muy bien- atún. Sí, latas de atún para ensalada o para la pasta o un bocadillo con tomate frito (cosa tan tonta y tan difícil de comer en el extranjeros, cachislamarsalá...). De hecho, cuando quedé con unos amigos erasmus que estaban en Francia para encontrarnos en Budapest, sólo nos pidieron que les lleváramos atún, jamón y queso. Yo lo del jamón y el queso me da igual, aunque el atún es importante. En Francia parece ser que había, pero era carísimo. Hace un mes yo compraba atún en Bristol (Inglaterra), así que tampoco es para tanto. De todos modos, se puede sobrevivir sin atún.
           Yo, como soy de Jaén y llevaba dos maletas, en una llevaba una garrafa de aceite de oliva (¿o era una botella de dos litros?). Total, si sois algo tiquismiquis y queréis buen aceite virgen extra para la ensalada o comer en crudo, no hace falta que os llevéis. Naturalmente, compraréis aceite de oliva italiano de ínfima calidad a precios desorbitados y acabaréis cocinando con cualquier mierda de aceite de girasol o el más barato que pilléis, por tal de no cocinar con mantequilla.
Yummy
             Como caprichito, algo que parece estúpido, es resultón y nos sobra, las aceitunas rellenas de anchoa para una ensalada tampoco son la mejor opción en un supermercado guiri. Son CARÍSIMAS. Lo mismo os digo: un pack de tres latas del mercadona os aguanta hasta una visita de alguien que os provea de reservas.
             Creo que para el resto de cosas no hace falta preocuparse demasiado, pero el tomate y el vino son imprescindibles para cocinar. Yo también me llevé hierbas aromáticas del campo, cogidas de la sierra por mi padre (en plan tomillo, romero, laurel), ya que son muy socorridas para darle sabor a la comida, no pesan y las llevas aplastadas en una bolsa entre la ropa.
Nota del autor: de todo lo arriba mencionado, sólo me llevé en un principio aceite. Cuando volví a casa por Navidad sí me llevé todas las mierdas que necesité, y cuando un amigo me hizo una visita justo antes de Navidad también me llevó cositas de estas (y chorizo, lomo y demás...) para hacer una fiesta gastronómica, y he de admitir que lo disfrutamos, aunque nunca tuve problemas para comer en toda mi Erasmus. Ya os enseñaré a cocinar...

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Prejuicios Erasmus

¡Maldito Erasmus!
AVE: asociación de víctimas del Erasmus


Cosas como ésta y otros disparates se encuentran en Internet y en nuestro día a día, ideas que pretenden restar importancia a una iniciativa tan importante y loable como es el intercambio de estudiantes. Lo dice alguien que gracias a estos acuerdos entre universidades conoce gente de toda Europa, Estados Unidos, Canadá, Latinoamérica... es decir, las becas sirven para globalizarnos un poquito más, de acuerdo, pero también para descubrirnos que en el fondo somos así de iguales hayamos nacido en Wisconsin, Baracaldo, Barranquilla o Alicante. Y esto, como comprenderéis, es esencial para el desarrollo de nuestros jóvenes. En estos viajes, en esta experiencia conoces gente de otra edad, otra condición sexual, estrato social, con una religión e ideales que nada tienen que ver con los tuyos. Y no serán raras esas cenas internacionales donde compartas mesa con un argelino, dos japonesas, tres italianos (del norte y del sur), Julio y Javi (que son novios), un chaval parisino y un tío de 32 años de Louisiana, además de una griega de ascendencia keniata y una iraní, Zahra, de quien te enamorarás irremediablemente y que te romperá el corazón tres meses más tarde.
        ¿A quién  le puedes echar la culpa de que te abran los ojos? ¿Eres culpable de descubrir que más allá de tu entorno habitual hay mil posibilidades que no te habías planteado? ¿O por replantearte toda tu vida? ¿Por romper con tu novio/a? La pareja que se queda en España estará todos esos meses con la mosca detrás de la oreja totalmente convencida de que estás follando con alguien de tu país Erasmus y que por eso la has olvidado, y dirán, ¡maldita Erasmus!, y te odiarán porque decidiste apostar por la experiencia más enriquecedora de tu vida, pero yo creo que esto, en cualquier caso, depende mucho de la pareja y de las personas. Lo cierto es que no conozco a ninguna pareja que haya sobrevivido a la Erasmus. Cierto es, no obstante, que muchas de estas parejas deciden cortar por lo sano y lo dejan antes de que empiece la Erasmus. Otras lo intentan y luego, en las vacaciones de Navidad, afrontan la crisis y cortan igualmente. Supongo que también las habrá que rompan después del año Erasmus.
         Tened en cuenta, además, que en la actualidad prácticamente no existe la privacidad (demos las gracias a Canon y Facebook, así que habrá más de una pillada (y dos o tres) que revelen lo que está pasando en el miniverso Erasmus. Pero os puedo contar algo curioso, y es que conozco gente que se conoció durante mi Erasmus y, tres años después, siguen juntos. ¿Por qué si esta chica de Villaespesa y este chico de Regensburg están juntos (y se ven cada dos o tres meses) no lo vais a estar tu pareja y tú? Es sencillo: por la falta de confianza y por los prejuicios existentes con respecto a la Erasmus. Hay parejas que sobreviven a esto, estoy segurísimo, pero si no estáis seguros, dejadlo ya: pero no te prives ni prives a otra persona que lo convertirá en un mejor ser humano. Eso por descontado...
Mi novio se ha ido de Erasmus... puto gilipollas

domingo, 5 de septiembre de 2010

¿De verdad somos tan importantes?


Sucede que a veces, cuando llegas a un destino Erasmus muy concurrido, la embajada de la ciudad prepara un encuentro con los estudiantes españoles. Yo, como no estaba en un destino muy concurrido ni en una ciudad muy grande, no pude vivir esta experiencia. No obstante, el finde antes de que comenzara el curso prepararon una fiesta de presentación para los estudiantes internacionales (oséase, no sólo españoles: japoneses, chinos, suecos, egipcios... de todo; ésa es la riqueza erasmus). En esa fiesta nos enseñaron unos bailes tradicionales galeses y nos invitaron a probar algunos platos típicos. Además, tuvimos la ocasión de conocer a las autoridades de la ciudad: el alcalde, supongo que algún concejal o como se llamaran, al rector, etcétera. Es una ocasión excepcional para empezar a conocer gente. Recuerdo perfectamente que fue ahí donde conocí a mis primeros amigos erasmus, personas que me acompañarían durante meses y se convertirían en familia y cómplices. Total, aprovechad la ocasión para conocer a las primeras personas imprescindibles en vuestro Erasmus. Enjoy!


sábado, 4 de septiembre de 2010

Blog, ¿qué ser?

Echo de menos a papá y mamá, a mis hermanos, a mis amigos... A mí no me pasó. De hecho, me sucedió algo que nunca hubiera adivinado: no echaba de menos ni Granada, la ciudad maravillosa en la que he vivido mi etapa universitaria. No obstante, puede que ellos sí nos echen de menos. Es normal.
              Pensad que sus vidas siguen siendo la misma monotonía aburrida en la que, además, faltas tú. Te recordarán a menudo, y un a menudo no se puede curar con una postal de vez en cuando. Cuando me fui hace ya 3 años a Swansea (Gales) no tuve que crear un blog nuevo, pero me volqué en el que ya tenía. Recordad que por aquel entonces las redes sociales prácticamente eran bebés nonatos (salvo en UK, por ejemplo: yo me abrí la cuenta en FB antes de irme, y desde entonces la mantengo). Total, que acostumbraba a publicar cosas en mi blog, fotos, videos, textos en los que hablaba de la última fiesta, la última clase, los amigos que estaba haciendo... hablaba de cómo la experiencia me iba cambiando poco a poco. Así los míos me podían seguir y saber que todo iba a pedir de boca (más allá de que hablara con mi madre muyyyyyyyyyyy a menudo, pero eso ya depende de cada uno). Sabed que donde estéis vais a contar con una conexión a Internet y todo el tiempo del mundo para escribir. Un blog es una opción ideal, porque si escribes un mail habrá quien se te olvide y quedarás fatal, pero es que el blog siempre estará de testimonio de todo lo vivido. Podrás más adelante imprimirlo y hacer con tus escritos y los comentarios de tus amistades un libro de recuerdo del que será el año más feliz de tu vida (y esto es indiscutible). Vamos, que es el mejor modo para tener a la gente al tanto de tus progresos y servirá como souvenir precioso que revisitarás con más frecuencia de la deseada (todo llegará...). Y hay quien, llevando todo esto un paso más allá, se propone escribir un blog en el idioma del país que lo acoge. Es una práctica del idioma excelente y así matas tres pájaros de un tiro.
                   Desde estas INSTRUCCIONES PARA UN ERASMUS CUALQUIERA propongo que quienes estéis por ahí este año abráis un blog, me dejéis un comentario con vuestra dirección, y así os enlazaré para que más gente siga vuestra vida, vuestras pequeñas hazañas y pequeñas derrotas, y os prometo que siempre habrá alguien pendiente de vosotros en el momento adecuado. Erasmus, sed listos. Un primer paso para obligaros a aprovechar la Erasmus (¿o el Erasmus? depende de si te refieres a la beca o al año :P) es crear un blog. Os aseguro que nunca os arrepentiréis de esta decisión, por mucho que lo hayáis abandonado en enero, cuando estéis totalmente absortos e inmersos en vuestro mundo erasmus. Ya he enlazado por ello los blogs de algunos que han sido o están siendo erasmus, pero esa lista debe crecer.




             Si alguien se anima, que me lo haga saber. Yo seré vuestro primer seguidor  :)